jueves, 6 de agosto de 2009

Lejos del cielo (Todd Haynes, 2002)

Connecticut, 1957. Cathy (Julianne Moore) y Frank Whitaker (Dennis Quaid) son un matrimonio perfecto para todo el mundo. Tienen una bonita mansión, dos preciosos hijos, son guapos y disfrutan de su status en la Norteamérica de las rígidas convenciones sociales de la década de los 50. Pero basta con acercarse un poco para darse cuenta de que hay algo que parece no encajar en ese idílico mundo. Él mantiene relaciones homosexuales con desconocidos y a ella le atrae su jardinero, que además es negro.

Sin el riesgo ni la vocación transgresora de otras de sus obras anteriores -Poison, Safe, Velvet Goldmine- Todd Haynes elabora con Lejos del cielo una inteligente revisión de los coloristas melodramas dirigidos en los 50 por Douglas Sirk. Sus referentes son Escrito sobre el viento y Sólo el cielo lo sabe, además de la inspiración visual de algunas escenas del film en la pintura de Edward Hopper. Pero no hay en Haynes un intento de actualizar dichos referentes ni tampoco la opción posmoderna de utilizar la ironía y el cinismo para situarse por encima de la narración y de sus personajes. En Lejos del cielo todo nos remite al melodrama de los 50, desde los títulos de crédito con una preciosa panorámica por encima de las casas con el viento meciendo las hojas de colores otoñales, la magnífica música de Elmer Bernstein, la tonalidad de la fotografía ... Toda la iconografía y los ambientes del melodrama clásico son reinterpretados por Todd Haynes desde la perspectiva actual, renunciando a la pura revisitación nostálgica. Así, todos los dobles sentidos que anidaban en escenas y diálogos de aquellas películas, en Lejos del cielo quedan finalmente desvelados. La homosexualidad ya no sólo es sugerida. El melodrama sale del armario.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una vez más el cine es el espejo de nuestra realidad, una realidad que apenas cambia con el paso del tiempo: intolerancia, racismo, miedo a lo diferente, fracaso, éxito, falta de tiempo, incomunicación...

Para mí Haynes transgrede, y mucho pero de una forma tan elegante que consigue a través de una fotografía cálida y unos personajes tan contenidos como insatisfechos que la acidez de su obra nos penetre hasta la médula sin que ofrezcamos resistencia.

Julianne Moore está maravillosa. La evolución de la expresión de su rostro a lo largo de la película te hace partícipe del desmoronamiennto de su vida perfecta.

Un beso de colores
Odile

Xavier Vidal dijo...

Excelente reseña. Coincido en todas tus palabras. Una obra maestra, sin duda alguna.

Saludos!

http://cachecine.blogspot.com