martes, 1 de junio de 2010

Ben Hecht, un guionista poco acreditado (1894-1964).



Fue Ben Hecht uno de los guionistas más populares del periodo clásico de Hollywood, y también uno de los más prolíficos. Y no sólo eso. Ejerció también de periodista, fue director de cine, productor, dramaturgo y novelista.
En Chicago comenzó a trabajar como periodista y a escribir sus primeros relatos. Tras la I Guerra Mundial el Chicago Daily News lo envió a Berlín como corresponsal. Lo que allí vivió le sirvió como material para la que sería su primera novela, titulada Erik Dorn (1921). Después de una estancia en Alemania y Rusia, regresa a su ciudad natal, Nueva York, con una gran reputación debida a sus trabajos periodísticos, sus relatos cortos y sus novelas.
A mediados de la década de los 20, el escritor Herman Mankiewicz -hermano mayor de Joseph- le propone trabajar en Hollywood -en un telegrama que le envía le dice para convencerlo: todos tus competidores aquí son imbéciles-.
Y no pudo entrar con mejor pie en La Meca del cine: fue el primer guionista en ganar el Oscar al Mejor Guión Original por La ley del hampa (Josef Von Sternberg, 1927). Desde entonces y hasta su muerte en 1964, trabaja incansablemente en guiones, tanto firmados por él -Scarface, el terror del hampa (escrito en sólo 11 días), La reina de Nueva York, Cumbres borrascosas, Recuerda, Encadenados, El beso de la muerte, Me siento rejuvenecer ...- como sin acreditar -La Reina Cristina de Suecia, Enviado especial, Lo que el viento se llevó, El bazar de las sorpresas, Naufragos, Gilda, Duelo al sol, La soga, Vacaciones en Roma ...-.
Hombre brillante y culto, escondía bajo una máscara de cinismo -"el cine es uno de los vicios que
han corrompido nuestro siglo"- un talento versátil e incansable. Se autodeclaraba un mercenario para el que Hollywood suponía "sueldos extremadamente altos, amistades interesantes y ninguna responsabilidad". A pesar de todo eso y como señaló Bertrand Tavernier en su 50 años de cine norteamericano, nadie mejor que Ben Hecht representa a Hollywood, con sus cualidades y sus defectos, sus verdades y sus paradojas.
Tuvo tiempo para escribir su autobiografía titulada pomposamente A child of the century (1954) que Norman Jewison adaptó al cine en la mediocre Los años locos de Chicago (1969).