lunes, 14 de junio de 2010

Honeymoons (Goran Paskaljevic, 2009).




Los títulos de las dos últimas películas del excelente realizador serbio Goran Paskaljevic -ganador por tres ocasiones de la Espiga de Oro del Festival de Valladolid: La otra América, Optimistas y Honeymoons- son dos clarísimas paradojas. Hace tres años titulaba Optimistas a un conjunto de historias crueles, teñidas de locura y malsano humor, sobre un país a la deriva. Ahora nos propone estas Lunas de miel, con poca miel y mucha intolerancia.
La película está construida en torno a dos historias sobre dos parejas de jóvenes, una serbia y la otra albanesa. Ambas, por distintas circunstancias, deciden abandonar el país: los serbios, en busca de un mejor futuro profesional y social; la pareja albanesa, como única salida de un país en el que unas rígidas y arcaicas estructuras sociales impiden su relación.
El primer bloque transcurre en Albania, el segundo en Serbia. En ambas una boda es la excusa argumental. Luego, las dos historias se narran en paralelo sin llegar nunca a encontrarse. Así, Honeymoons presenta una estructura simétrica, en la que, finalmente los relatos dejan de ser dos para ser uno sólo, no porque se crucen, sino por reflejarse el uno en el otro. Las 2 parejas protagonistas intentan, cada una a su manera, romper con un pasado de estrechez política y rigidez moral, y creen poder encontrar su particular paraiso en una idealizada Unión Europea. Geográficamente pertenecen a ella pero todavía quedan muchos trenes por recorrer para que sean reconocidos como ciudadanos europeos. En su busca de esa utópica y soñada Europa acaban siendo rehenes de los pasos fronterizos, esos siniestros territorios, mitad limbo, mitad purgatorio, una tierra de nadie donde las personas dejan de serlo y se transforman en meros objetos/número. De ahí viene el tono onírico del cartel de la película que representa a una pareja que parece ascender hacia algún lugar desconocido. En esta globalizada Europa del Siglo XXI todavía hay europeos de 2ª categoría, esos que llevan en su frente marcado a fuego el lugar de nacimiento en su pasaporte.
En un final no tan abierto como pudiera parecer en un principio, vemos a Nick desde su encierro mirando cómo un tren de mercancías cruza la frontera húngara a gran velocidad. Para los bienes de consumo, no existen las barreras en esta Europa.
Honeymoons es además, la primera coproducción entre Serbia y Albania, dos paises históricamente confrontados. La idea partió de un ciclo que en el único cine de Tirana, la capital albanesa, se le dedicó al cineasta serbio Goran Paskaljevic. Todo el equipo técnico de la película lo formaron gente de los dos paises, en un ambiente de gran camaradería y colaboración.

4 comentarios:

sé de cine dijo...

Dan ganas de verla. Está bueno que la cultura oficie de nexo entre pueblos antagónicos.

Odile dijo...

Es triste que el primer mundo se aleje cada vez más de la realidad social y mundial. Las fronteras, esas líneas inventadas que justifican la defensa de una economía de mercado, se pueden convertir en una gran trampa si no eres un/a ciudadano/a de primera. Pero, eso sí, la coca-cola puede viajar donde quiera.

Un beso que espera poco de la raza humana

babel dijo...

Hola Eloy, estoy totalmente de acuerdo en cuanto a lo que apuntas sobre el contenido, que es lo que hace interesante a la película: la lucha por la integración en Europa, pero una Europa impresonal donde los individuos pertencen a categorías diferentes según su origen y, por tanto, también lo son sus oportunidades.
Técnicamente, la historia de la pareja serbia está bastante bien interpretada y narrada, pero la de la albanesa me convenció menos. Hay un salto abismal en las interpretaciones, sobre todo en lo que se refiere a los personajes femeninos. Hay otras importantes lagunas en la película, supongo que también influye el presupuesto, a pesar de lo interesante de la temática, que hacen que no llegue a ser del todo redonda. Con todo, merece la pena. Trataré de buscar más sobre este director: gracias por tus recomendaciones y por tu comentario.

Saludos!

eloy dijo...

Sé de cine, seas bienvenido, como dices está bueno que el cine una a gentes, cuando hay tantas cosas que les separan.

Odile, tienes toda la razón, creo que en tu reflexión está el sentido que yo le encontré a la película.

Babel, de acuerdo con lo que dices sobre el contenido. En cuanto a la historia albanesa, yo no encontré ese denivel con respecto a la historia serbia. Evidentemente, no es una película redonda, pero sí una película necesaria.

Bienvenidos los tres y hasta otra.