miércoles, 16 de septiembre de 2009

Fritz por Lang.




  • "Erich Pommer me dijo dos cosas y yo le hice caso. En primer lugar me dijo: Fritz, las historias se cuentan con la cámara y lo que puedes conseguir con ella. La iluminación es una parte, los movimientos de cámara también. Hay que conocer los instrumentos que sirven para contar una historia. Lo segundo que me dijo fue: Nunca te líes con una actriz. Él no siguió su propio consejo. Yo tampoco. Pero nunca lo hice durante los rodajes, y no lo hago. Lo que pase después es cosa mía. Pero que en un rodaje alguien me diga: Anoche me decías -cariño- y -guapa- y hoy me das órdenes; eso, no. Así de sencillo. Buen consejo."
  • "Yo era una cosa que en Hollywood no gusta, un perfeccionista. A nadie le gustan los perfeccionistas. -Es difícil trabajar con él ... ¡porque sabe lo que quiere!- decían. -¿A quién le importan los espectadores? Los espectadores son tontos-. Yo no creo que lo sean, por cierto. Pero la mayoría de los productores de cine piensan que los espectadores son tontos. (...) Durante el rodaje de Furia en estudio tuve algunos problemas. Por ejemplo, en Europa estaba acostumbrado a acabar cada escena tardara lo que tardara. Pero yo era muy considerado con mi equipo, y ellos me adoraban. Nadie me dijo que en Estados Unidos hay una ley que obliga a mandar a la gente a comer cada cierto tiempo. En California hay incluso una ley que dice que a los figurantes hay que darles de comer cada 5 horas. Yo eso no lo sabía. Cuando llegué a una escena que quería terminar no les pregunté si querían quedarse. Uno de mis mayores enemigos en esta cuestión era el Sr. Spencer Tracy. Si alguien hubiera dicho: -Oye Fritz, en Estados Unidos es importante hacer esto y lo otro-, yo lo hubiera hecho. Pero a mí nadie me dijo nada, y en este caso era un trabajo muy ingrato."
  • Encubridora era una película concebida para Marlene Dietrich. Me caía muy bien. En otros tiempos le tuve mucho cariño. Curiosamente en Alemania nunca coincidí con ella. Nos conocimos cuando hice Liliom en París, con Charles Boyer. Yo quería escribir una película sobre una corista madura, pero deseable todavía, y un viejo pistolero que ha perdido el toque. Y me inventé esta historia. Pero a Marlene le molestaba eso de pasar elegantemente a una franja de edad ligeramente superior. Se aliaba con un actor en contra de otro. No fue muy agradable. No me gusta hablar de Marlene. Ella dijo y escribió muchas cosas desagradables sobre mí y es la causante de muchas cosas ingratas que me han pasado en la vida. Seguía estando muy influida vor Von Sternberg. Decía: Oye, Sternberg haría esto y lo otro. Cuando acabó el rodaje no nos dirigíamos la palabra. (...) La película se iba a llamar Chuck-A-Luck, que significa ruleta vertical y era el título de una canción que sonaba durante toda la película. En los estudios de Hollywood el 24 de Diciembre es costumbre trabajar sólo hasta las 12 de la mañana y luego ir de despacho en despacho emborrachándose, Feliz Navidad, etc. Terminé la película y entré en el despacho del hombre que dirigía el estudio en representación de Howard Hughes. Ah, por cierto, dijo, ya sabes que el Sr. Hughes ha cambiado el título de Chuck-A-Luck. Me enfurecí, claro. ¿Y cómo lo ha llamado?, pregunté. Rancho Notorius, dijo. Ah, ¿por qué? Contestó: porque el Sr. Hugues cree que en Europa no van a saber lo que significa Chuck-A-Luck. Dije lleno de ira: Ah, ¿y Rancho Notorius, sí?. Y salí del despacho dando un portazo.
  • Quiero contarle una anécdota, esta relacionada con lo que puede soportar el público. En mi último contrato de larga duración con un estudio -siempre aprecio mucho mi libertad, nunca quise firmar contratos largos- Harry Cohn, presidente de Columbia, me envió una nota una vez: El Sr. Cohn solicita su presencia en la sala de proyección mañana por la mañana a las 10. Bien. Por cierto, soy una de las personas que apreciaban a Harry Cohn, siempre se portó bien conmigo. En general, es un hombre muy odiado sin razón alguna. Bueno, yo no tenía nada que hacer, no era mi película, me traía sin cuidado. Y claro, en la sala estaba el director, el productor y el guionista. Yo no recuerdo qué película era. (...) Cohn apareció al fin y dice: Vale, empezad. Se sienta en 1ª fila, proyectan la película, no se oye una palabra, ni un suspiro. Se acaba, luces, todos se quedan sentados, inmóviles. No se oye una mosca. Harry Cohn se levanta, se acerca a la pantalla sin decir nada, vuelve, se detiene ante la 1ª fila, se gira, camina otra vez hacia la pantalla. Yo pensaba: ¿En qué estará pensando este hijo de perra? De repente se volvió y dijo: Esta es una gran película. Gran suspiro de toda la platea. Pero ... -la gente retiene el aliento- le sobran exactamente 19 minutos. No piensen que el productor y el director se atrevieron a abrir boca. Eran todos de la casa, pero el guionista no, así que dijo: Perdone Sr. Cohn ¿por qué dice, exactamente 19 minutos? ¿por qué no dice un cuarto de hora, o media hora?. Harry Cohn le miró y dijo: Joven, hace exactamente 19 minutos me empezó a picar el culo, y en ese instante he sabido que al público le va a pasar lo mismo. Y tenía razón. En cuanto el público empieza a agitarse es que les has perdido. Hay una ley no escrita, es algo que se siente."

(Extractos del libro El director es la estrella, por Peter Bogdanovich, T&B Editores, 2007)