lunes, 21 de septiembre de 2009

Raoul Coutard, el fotógrafo de la Nouvelle Vague.


El espíritu aventurero del parisino Raoul Coutard le lleva a alistarse en el ejército francés para luchar contra los japoneses en el Pacífico con apenas 20 años. Su experiencia bélica marcará indefectiblemente su vida. De hecho vivirá 11 años en la colonia francesa que luego se convertirá en Vietnam, tras abandonar el ejército. Allí consigue un trabajo como fotógrafo para París Match, Life y otras revistas. En sus primeras experiencias con una cámara le influyen enormemente el trabajo de los nuevos fotógrafos de la agencia Magnum, sobre todo Ernst Haas al que llegó a conocer cuando éste visita Saigón.

Cuando llega a la treintena decide que es hora de acabar con su sueño asiático y buscar un reto nuevo. Retorna a Francia y allí realiza lo que él mismo reconoce como "fotos horribles" para prensa, así como fotos para fotonovelas, lo que según Coutard "es un poco como rodar, ya que implica un montaje al fraccionar en fotos las escenas". En aquella época sus intereses están en el reportaje periodístico pero el destino le una a Pierre Schoendoerffer, un amigo de los tiempos de Vietnam que realiza largometrajes documentales, con el que trabaja como cameraman. El debut en el cine le llega cuando el productor Georges de Beauregard le propone ser el director de fotografía de un debutante, un tal Jean-Luc Godard y A bout de souffle. Con él establecería Coutard una fructífera colaboración que dará sus frutos con una serie de títulos como Une femme est une femme (1961), Vivre sa vie (1962), Le mèpris (1963), Les carabiniers (1963), Bande à part (1964), Pierrot le fou (1965), Deux ou troi choses que je sais d'elle (1966), La chinoise (1967), Weekend (1967), Prenom: Carmen(1983). El rodaje de A bout de souffle supuso en su momento toda una innovación. Nadie se había propuesto hasta entonces rodar toda una película cámara en mano y sin ayudarse de la iluminación artificial, utilizando sólo luz natural. La idea era lograr una fotografía más realista. A bout de souffle se rodó cronológicamente tal y como aparece en el film acabado. Godard escribía cada noche el guión de rodaje del día siguiente. El estilo radical de la película se nos presenta totalmente actual más de 40 años después de haberse filmado. Raoul Coutard experimentó nuevos métodos para acompañar las innovaciones formales de Godard en la puesta en escena. El estilo espontáneo, y en cierta manera caótico, del director franco-suizo vino como anillo al dedo para que Coutard ensayase nuevas formas, sabiendo que si el resultado no valía la pena se volvería a rodar. En Alphaville, mezcla de ciencia ficción y policíaco, utilizó una textura de fotografía granulosa. En Les carabiniers aumentó el contraste en el revelado y utizó al positivar una película de alto contraste que normalmente se utilizaba en las secuencias de títulos.

Además de introducir la cámara en mano en el cine francés, Raoul Coutard reinventó el movimiento de la dolly. Fue director de fotografía para Truffaut en cuatro películas: Tirad sobre el pianista (1960), Jules et Jim (1961), La piel suave (1964) y La novia vestía de negro (1967). Conforme los directores de la Nouvelle Vague fueron madurando sus propuestas, con más tiempo de rodaje y mayores presupuestos, aumentó la importancia de imágenes más elaboradas. Ello permite a Raoul Coutard un mayor nivel de sofisticación en su forma de iluminar, algo más en consonancia con sus gustos personales. En Lola (1961), opera prima de Jacques Demy, mezcla su propio estilo de iluminación de los techos con una luz más directa. En 1965 retorna a sus inicios con el cine documental en la zona de Indochina con Schoendoerffer, en The 317th Section rodada en la neutral Camboya en los duros tiempos de la guerra de Vietnam. Con el director griego Costa Gavras compone una fotografía de iluminación expresionista en dos films: el thriller político Z (1969) y muy especialmente en La confesión (1970) película en la que trabaja las penumbras.

Con una filmografía de más de 80 películas -tres de ellas como director- hay una constante que se repite en todas ellas, en palabras del propio Raoul Coutard: "Siempre he sentido que cuando decides hacer un film ha de ser como una historia de amor. Tienes que querer al director, al guión, y tener mucho en común con el equipo. El film sólo funciona si es una historia de amor. Si no lo es, no te molestes en hacerlo. Y no es que esto quiera decir que el film va a ser bueno. Las historias de amor no siempre son felices"