jueves, 14 de enero de 2010

Un mundo poblado de vainas. Don Siegel al habla.



Del libro El director es la estrella, por Peter Bogdanovich, vol. II:
Estracto de la entrevista con Don Siegel en los estudios Universal en 1968.

¿Trabajó usted en el guión de La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)?

Trabajé muy estrechamente con Danny Mainwaring, que es un guionista estupendo. Esta vez Walter Wanger también nos prestó su ayuda e inspiración. Con todos los títulos que hay en el mundo, no lo habrá peor que La invasión de los ladrones de cuerpos. Es tan malo que ha relegado por completo al original. No consigo acordarme de cual era.

¿Cómo trabajó en el guión?

La historia de Jack Finney es muy buena. Nosotros nos limitamos a trasladarla a lenguaje cinematográfico. Se hizo un auténtico esfuerzo por hacerla completamente creible. Ese fue el esfuerzo más importante: que no fuera otra película más de efectos especiales.

Lo que produce terror en la película es su realismo absoluto.

Sí, estoy de acuerdo. Creo que es mi mejor película, porque yo me escondo tras una fachada de de malos guiones, con los que cuento historias sin sustancia. Esta, en cambio, para mí era una historia muy importante. Yo creo que el mundo esta poblado de vainas y quería que la gente las viera. Creo que hay mucha gente que no tiene sensibilidad respecto a las cosas culturales, que no tiene sentimientos de dolor, de sufrimiento. Yo quería transmitir esta idea, y no se me ocurrió mejor manera que a través de esta película concreta. Creo que la rodé -es terrible hablar de mí mismo así, pero ya llevo un rato haciéndolo, así que voy a seguir-, creo que la rodé de una forma muy imaginativa, como en esa cueva que encontré, cuando los personajes corren sobre los tablones. Todo eso es mío. Y Wanger me apoyó en todo momento.

Lo que la estropea un poco es el principio y el final, sobre todo el final. Seguramente no fue decisión suya.

Ni de Wanger. El estudio pensó, como haría una vaina supongo, que en una película de miedo no puede haber humor. Quisieron introducir una aclaración. Se empeñaron en meter un prólogo y un epílogo, que yo rodé en defensa propia. Si no lo hubiera hecho, se lo habrían encargado a uno de sus directores-vaina, y tenían bastantes. El final de la película, tal como era entonces es uno de los más dramáticos que he rodado en mi vida, uno de los más dramáticos de la historia en realidad. Acaba con Kevin McCarthy apuntando al espectador con el dedo y gritando: "¡Tú eres el siguiente!". Caía el telón y la gente se quedaba conmocionada, porque no sabía si la persona que tenía al lado era una vaina.. El prólogo era completamente innecesario. Empieza en un pueblo en el que el chico se baja del tren, una historia normal sobre la vida de la clase media. Y entonces empieza el asunto éste.

Si el principio y el final se pudieran quitar, ¿quedaría la película como la rodó usted, más o menos?

No. No quedaría como la rodamos porque el daño ya estaba hecho dentro de la película. Yo quería que todo fuera tan normal que cuando se hablara de vainas, sonara completamente ridículo. Había mucho humor, pero lo quitaron todo. La película es buena a pesar de todo, pero podría haber sido mucho mejor. Es verdad que si quitáramos el principio y el final, se parecería mucho más a la idea original de Danny Mainwaring, Walter Wanger y yo.

¿La película alude específicamente a McCarthy y al totalitarismo?

Era inevitable, pero intenté no cargar las tintas, porque yo creo que el cine está para entretener. No quería pontificar.

¿Cómo rodó ese último plano de la autopista? ¿Era de noche, y lo hicieron en una autopista de verdad?

Sí, lo hicimos en un puente que cruza la autopista y que no se utiliza mucho. Creo que trabajamos con 50 coches y con una cámara de 18 mm. Fue todo muy frenético. Lo rodé en una noche.

En La invasión de los ladrones de cuerpos ¿hace usted una crítica de la sociedad americana en particular, ... o del mundo?

El mundo... Creo que el mundo está enfermo. Las vainas están tomando el poder. Hay guerras que me resultan totalmente inexplicables. Yo estoy completamente en contra de las guerras, no creo que resuelvan nada. El mundo no está mejorando, me parece a mí. Coja la revista Time y verá que la gente se mata por aquí, por allá, por todas partes. Esto no se acaba nunca.

El elemento vaina representa la falta de sentimientos ...

Eso. Justo. La mayoría de la gente -la de aquí, de la Universal, desde luego, la gente de Hollywood, California, Estados Unidos- trabaja sin pensar. No son conscientes de lo que significa su trabajo; son muy egoístas. Y yo soy uno de ellos. Me ensimismo tanto en mi trabajo que no me doy cuenta de que hay gente menos afortunada que no tiene trabajo, que se muere de hambre, que necesita ayuda. Me ciego manteniéndome ocupado, y no me gusta pensar en ello. Y por lo tanto, me estoy convirtiendo en una de esas personas que tanto odio. Me estoy convirtiendo en una vaina.




2 comentarios:

David dijo...

Muy, muy interesante este extracto. La última reflexión de Don hace ver que estaba lejos de convertirse en una vaina. Yo, en cambio, hace años que lo soy (ja,ja). Un saludo.

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Aunque de esta guardo un entrañable recuerdo de niñez, su remake me produjo noches de insomnio.
Muy buen post.
Saludos