lunes, 15 de diciembre de 2008

Herida (Louis Malle,1992)




Uno de los más sugestivos y ascéticos retratos de una pasión amorosa destructiva, a contracorriente, donde Louis Malle deja fuera cualquier atisbo de sentimentalismo, rechazando el morbo, y ahondando en los personajes y sus emociones, sacando petróleo de dos actores inconmensurables, Juliette Binoche y Jeremy Irons en estado de gracia.


El argumento viene a ser más o menos, clásico: una mujer, Anna Barton (Juliette Binoche) -enigmática, provocadora de pasiones arrebatadoras y dependencias enfermizas- que entra en un mundo cerrado y ordenado, sentimentalmente aséptico, el de la familia del político inglés Stephen (Jeremy Irons), y lo trastorna con su sola presencia, provocando pasiones, odios y finalmente, muerte.



Anna es la nueva novia de Martyn (Rupert Graves), el hijo de Stephen. El primer encuentro entre la mujer y el padre de su novio es una secuencia magnífica y marca el devenir del relato. En una recepción Anna se presenta a Stephen. Las miradas hablan, no necesitan palabras, parecen dos animales que han encontrado a su presa.


En el segundo encuentro, ya en la casa familiar, Anna estrecha la mano de Stephen como si no le conociera y el cruce de miradas revela una relación que va a ir más allá de la seducción o el romanticismo. Los encuentros sexuales, casi sin palabras, son como combates entre animales heridos, filmados sin ningún tipo de morbo, como si los amantes sufrieran en el engaño, preñados de una fatalidad que endurece su pasión. Herida produce durante su visionado esa sensación de malestar interno, de desasosiego, que supera y aniquila a sus protagonistas -recordemos esa secuencia en el hotel de París en la que Stephen se retuerce de dolor y angustia al ver a su hijo y a Anna en otra habitación tras la ventana-.


La planificación de Malle es funcional y austera, supeditada siempre al trabajo de los actores, y éstos estan todos sobresalientes, quizás con la escepción de Martyn (impersonal Rupert Graves). Además de la labor de Jeremy Irons -de porte elegante y mirada esquiva, delatando su tormento interior, intentando siempre guardar las formas- y de Juliette Binoche -un plano de su rostro transmite todo ese enigma, esa especie de ángel de la fatalidad que ella representa-, hay que añadir una excelente Miranda Richardson como la esposa de Stephen -gran secuencia la del enfrentamiento final con el marido- y Leslie Caron como la madre de Anna.

Anna Barton expresa la clave de su personalidad al revelar el trauma que supuso la muerte de su hermano: "La gente herida es peligrosa, porque sabe que puede sobrevivir", y esa frase es también aplicable a Stephen. Él estaba "muerto" antes de conocer a Anna. Una vida perfecta, un matrimonio perfecto, una carrera perfecta unos hijos perfectos ... una vida sin pasión, sin lucha, así es él, frío, metódico, cortés, ordenado. La relación con Anna le provoca esa herida, y el final de la película es la vuelta a la vida de un superviviente.


2 comentarios:

babel dijo...

No he visto todavía esta película, y he oído hablar muy bien de ella. Tu reseña, además, invita a ello.

Un saludo!

Anónimo dijo...

Excelente película, quedé sorprendida cuando la vi ya que estaba haciendo zapping y paré cuando vi esa perfecta combinación de actores. Es una película para no perderse. Saludos