viernes, 22 de mayo de 2009

Dirigido por ... SHOHEI IMAMURA.



El director japonés Shohei Imamura nace en Tokio en 1926 y muere en mayo de 2006. Es el cuarto director en lograr dos Palmas de Oro del Festival de Cannes tras Coppola, Bille August y Kusturica, y uno de los grandes cineastas nipones junto a apellidos tan ilustres como Kurosawa, Mizoguchi, Ozu, Oshima, Ichikawa o Shindo.

En 1951 comienza a trabajar en los estudios Shochiku donde conocería al maestro Yasujiro Ozu, del que sería ayudante y con el que mantendrá una relación amor-odio. A pesar de la admiración que le profesaba le criticaba por "anular el alma de los actores" con su estilo frío de dirección. Posteriormente es contratado por la productora Nikkatsu, especializada en cine erótico. Esta experiencia la reflejaría Imamura más tarde en la comedia Los pornógrafos (1966) acerca de las desventuras de un director de este género, ilegal entonces en el Japón.

A finales de la década de los 50 comienza su carrera como realizador. En 1961 con el film Cerdos y acorazados, donde desmitificaba una serie de tópicos nacionales japoneses, empieza a destacar entre la generación de jóvenes cineastas japoneses bautizados como la nueva ola. Su consagración internacional le llega ya con 57 años al dirigir La balada de Narayama (1983) donde narra con aliento poético y desde una perspectiva antropológica, la historia de una pequeña comunidad, con sus hábitos ancestrales y crueles. Es su primera Palma de Oro, galardón que repite en 1997 con La anguila, tragicomedia de apariencia leve y carácter profundamente humanista, que nos presenta las relaciones entre un condenado en libertad provisional y una joven que entra a trabajar en su barbería.



Pero antes, en 1989, realiza su obra maestra Lluvia negra, un impactante film sobre los efectos del ataque atómico sobre Hiroshima en un pequeño pueblo cercano. Film profundamente pesimista en el que Imamura contempla el horror cara a cara, significa el más lúcido análisis hecho desde Japón sobre las consecuencias de la bomba atómica. Ocho años pasarían hasta que Imamura consiga la financiación para su siguiente película, la ya comentada La anguila, obra aparentemente menor filmada en los márgenes de todo lo establecido. La buena acogida internacional de ésta última le permite rodar inmediatamente Doctor Akagi (1998) donde a partir de la historia de un médico que realiza transplantes de hígado durante la 2ª Guerra Mundial, ataca las fuentes del nacionalismo japonés. A retener, dentro de esta fábula de acento realista el momento irreal-fantástico de la visión del hongo nuclear con forma de hígado enfermo.

Todavía se guardaba Shohei Imamura una última carta ya cumplidos los 75 años. Se trata Agua tibia sobre un puente rojo (2001) un tierno y poético relato que comparte con La anguila un mismo armazón dramático: el de un hombre maduro en crisis y a la deriva existencial que halla en una mujer joven y vitalista, una renovada fuente de energía con la que librarse de fantasmas pretéritos y recobrar la identidad. Y al igual que en Doctor Akagi también aparece aquí ese toque surreal representado en esta ocasión por el desbordamiento acuático de la seductora Saeko cada vez que llega al orgasmo.

Cineasta comprometido y lúcido pesimista - Shohei Imamura declaraba en 1990 "... si somos medianamente conscientes del camino que ha seguido la humanidad no hay más remedio que ser pesimistas..." - su filmografía se cierra en 2002 con el film colectivo 11-09-01 acerca de los atentados de las torres gemelas en Nueva York. Su episodio es el único que no pertenece al momento presente. La historia, plena de simbolismo, ocurre en la 2ª Guerra Mundial. Un soldado japonés regresa del frente creyendo ser una serpiente. Repta, come y muerde como ella. En el último plano nos dice que ninguna guerra es sagrada.