sábado, 16 de mayo de 2009

Mónica Vitti, la musa de la incomunicación.









María Luisa Cecarelli estudió Arte Dramático y debutó en el Teatro en 1954. Fue presentadora de televisión y comenzó en el cine con breves papeles. Su belleza, no muy del gusto de su tiempo, no fue bien aprovechada hasta su encuentro con Michelangelo Antonioni. El director italiano la contrató para varias obras teatrales. Después la lanzó a la fama con cuatro películas que a principios de los 60 significaron el no va más de la "intelectualidad". El nombre de Mónica Vtti en esa década es sinónimo de modernidad. La aventura (1960), La noche (1961) -en un papel secundario-, El eclipse (1962) y El desierto rojo (1964), son ásperos análisis de la moderna sociedad occidental, trufados de tiempos muertos, y acciones aparentemente inconexas. En ellas Mónica Vitti da vida a mujeres burguesas insatisfechas y confusa que pasean su aburrimiento por escenarios casi siempre vacíos, cuyas relaciones vienen marcadas por el tedio, pero que son incapaces de abandonar la seguridad que les proporciona su propio aislamiento. La altivez de su mirada, ese rostro ovalado casi perfecto, su volátil ingravidez, hicieron de ella un icono de la modernidad.





Volvería a rodar con Antonioni en 1980 en El misterio de Oberwald. Desde entonces y hasta principios de los 80 tuvo una consideración de estrella en el cine italiano. Lució modelos psicodélicos en Modesty Blaise (Joseph Losey, 1966) que protagonizó en Inglaterra, pero que fue un gran fracaso tanto comercial como artístico. A partir de ahí orientó su carrera hacia la farsa, ese tipo de comedia popular a la italiana tan en boga en los años 70, pero de escasa relevancia artística: La ragazza con pistola (Mario Monicelli, 1967), por la que fue premiada en San Sebastián, la tragicómica Esa rubia es mía (Alberto Sordi, 1973), y junto a figuras del cine italiano como Alberto Sordi en Amor mío, ayúdame (Alberto Sordi, 1969), Marcello Mastroianni en El demonio de los celos (Ettore Scola, 1970), y Ugo Tognazzi en El proxeneta y la testigo (Franco Giraldi, 1976). Como nota curiosa Erótika, exótika, psicopátika (Dino Risi, 1971) en la que interpretaba a 8 mujeres distintas en otras tantas historias. Son interesantes también sus aportaciones a La pacifista (Miklos Jancsò, 1971) y El fantasma de la libertad (Luis Buñuel, 1974). En 1989 debutó como directora en Escándalo secreto. Desde entonces poco se sabe de ella.