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lunes, 2 de mayo de 2011

Walter Brennan, el eterno gruñón.

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Un tipo de producción me habló de él. Le dije que lo trajera, pero que le diera algunas frases para ver qué tal las decía. Así que cuando apareció le pregunté si le habían dado las frases. Él respondió: “¿Quiere que se las lea?”, “Sí, claro”, dije yo. Y dijo: “¿Con o sin?” Yo dije “¿Con o sin qué?” Dijo “Dientes”. Y yo afirmé que quedaba contratado. No tuvo que leer las frases


(Howard Hawks)




Dicen de Walter Brennan que dividía su carrera en dos bloques: aquellas películas en las que actuaba con la dentadura postiza, y el resto, en las que no tenía dientes.

Había nacido en Swampscott (Massachussets) el 25 de jullio de 1894. Ya de niño, mostró interés por la actuación, apareciendo en obras escolares. Al acabar sus estudios, participa en espectáculos de vodevil mientras se gana la vida en trabajos de lo más diverso. Antes de ser llamado a filas para combatir en la 1ª Guerra Mundial, ya ha recorrido gran parte del país con pequeñas compañías musicales. Al acabar la guerra se instala en Guatemala donde cultiva piñas para exportarlas a Estados Unidos. Pronto regresa a su país para establecerse en Los Angeles. Allí se dedica al negocio inmibiliario con singular fortuna, pero una repentina crisis del sector le arruina, y es ahí cuando Walter recurre a su antigua vocación, aceptando trabajos de doble y extra para poder subsistir. Era 1923, y dos años después conseguía su primer papel cinematográfico.

En 1932 pierde los dientes en un accidente. este hecho, además de sus prematuras arrugas y pelo cano, le daban un aspecto mucho más mayor del que correspondía a su edad. a lo largo de 4 décadas de prolífica trayectoria, paseó su figura encogida y su rostro común por todos los géneros del cine norteamericano, encarnando muchas veces a personajes entrañables, sin blanca, leales al protagonista masculino. La Academia de Hollywood le premió en 3 ocasiones como mejor actor secundario en el corto lapso de cuatro años: por Rivales (William Wyler, 1936), Kentucky (David Butler, 1938) y El forastero (William Wyler, 1940). Además fue nominado por El sargento York (Howard Hawks, 1945).

La ciudad sin ley fue la primera de las 6 películas que haría a las órdenes de Hawks. Un año después rueda Tres desalmados (Richard Boleslawsky), uno de sus primeros papeles importantes, un relato del Oeste de raíz bíblica. Tras trabajar en varios westwerns, entre ellos Paso al Noroeste (1940) de King Vidor, le llega la consagración con El forastero (William Wyler, 1940), en la que daba vida con un estilo reposado y solemne, al peculiar juez Roy Bean, al lado de Gary Cooper, con el que había entablado amistad en 1925, cuando ambos se ganaban la vida como extras. Con cooper repetirá en 1941 en Juan Nadie de Frank Capra, en el papel del compañero vagabundo de aquel. Otros títulos importantes en los que participó en esta época son Aguas pantanosas (Jean Renoir, 1941) y Los verdugos también mueren (Fritz Lang, 1943). Inolvidable es su interpretación en Tener y no tener (Howard Hawks, 1944) como el amigo alcohólico de Bogart.
En los westerns, Walter Brennan ofrecerá su cara más recordada, la del alegre y gruñón vaquero, desastrado, sin familia, mascando tabaco y dándole a la botella, siempre al lado del héroe, algo huraño y excéntrico, pero siempre encantador. Imposible olvidar su Stumpy, el viejo cascarrabias de Río Bravo (Howard Hawks, 1959) siempre discutiendo con John Wayne y Dean Martin. Antes, también para Hawks, había realizado otra excelente interpretación en Río Rojo, otra vez al lado de John Wayne. Un papel similar al que haría en 1955 en Tierras lejanas de Anthony Mann, como fiel escudero de James Stewart. Otra memorable actuación suya en un western es la de Camino a la horca (Raoul Walsh, 1951) en la que es un viejo acusado de homicidio que cruza un desierto con su hija y el sheriff que le protege de una horda de linchadores. Fuera ya de esta línea pero también en territorio western, está Pasión de los fuertes (1946), la obra maestra de John Ford. Walter Brennan era aquí el patriarca de los Clanton, un villano que resulta conmovedor en la escena en que contempla el cadáver de su hijo.

En los años 60 trabaja en varias series de TV como The Real McCoys, con la que obtuvo un enorme éxito y en el cine en algunas producciones Disney como El abuelo está loco.

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martes, 2 de marzo de 2010

Robert Ryan, el rostro impenetrable.



Robert Ryan nunca tuvo en Hollywood el status de estrella. Era lo que ellos llamaban un actor de carácter, un tipo eficiente, válido, con el que se podía contar para todo tipo de proyectos. Pero más allá de ese reduccionismo, Robert Ryan era un actor de talento, un hombre de imponente físico, 1'92 de estatura, con el desengaño marcado en los surcos de su rostro. Un rostro poco expresivo, de rasgos duros, que en muchas ocasiones ocultaba bajo esa capa de dureza una personalidad vulnerable repleta de inseguridades. Todo esto le vino como un guante para ponerse en la piel de algunos de los tipos duros que se pasearon por las historias del Hollywood de posguerra. Eran seres amargados por hechos del pasado, incapaces de confiar en el género humano: como el policía violento de On Dangerous Ground (Nicholas Ray, 1951) o el bebedor solitario de Class by Night (Fritz Lang, 1951). Paseó su rostro y su figura cansada por el noir, el cine bélico y el western y tambien en menor medida el melodrama (reseñable Caught de Max Ophuls). Estuvo memorable en una de las mejores muestras de cine bélico de Hollywood, La colina de los diablos de acero de Anthony Mann. Durante la última época de su carrera se especializaría en films de guerra como El día más largo (1962), Doce del patíbulo (1967) o La batalla de Anzio (1968). Con Anthony Mann trabajó en uno de sus mejores westerns, Colorado Jim (1953), en el papel del villano que James Stewart debe entregar a la justicia. Posteriormente cuando el western clásico ya había dejado de existir, rodó el magnífico neowestern de corte político Los profesionales (Richard Brooks, 1966) y el violentísimo Grupo salvaje de Sam Peckimpah en 1969.
Robert Ryan entró en el cine en 1940 cuando ya había cumplido los treinta años. Había sido campeón de boxeo en la Universidad y estuvo en los Marines en Segunda Guerra Mundial. Su primer papel importante fue en Encrucijada de odios (1947) a las órdenes de Edward Dmytrik, director también de su película de debut, en el papel de un ex-soldado furiosamente antisemita por el que sería nominado al mejor actor secundario. 1973 sería el año de su retirada del cine, también el año de su muerte.

martes, 3 de noviembre de 2009

Willem Dafoe.



Con sus peculiares facciones, Willem Dafoe podía haberse convertido en uno de esos actores especializados en los papeles de villanos. Pero él nunca ha querido acomodarse. Es un actor que arriesga en cada nuevo proyecto, no le importa si es un protagonista o un secundario. Su turbia expresión, su anguloso rostro, otorgan a sus personajes un aura trágica que el actor de Wisconsin combina con un innegable talento interpretativo curtido en casi 30 años de trabajos en el cine y en esporádicas fugas teatrales (es coproductor y miembro fundador de la compañia The Wooster Group). Fue precisamente en el teatro de vanguardia donde comenzó a actuar, y a principios de los 80 debuta en el cine. Su primer papel importante es en The Loveless, ópera prima de la realizadora Kathryn Bigelow, una violenta historia de bandas de motoristas ambientada en los años 50. Tras hacer de secundario en el delirio esteticista El ansia (Ridley Scott, 1983), Walter Hill le brinda el papel por el que será "descubierto por el gran público": en Calles de fuego es Raven, el villano de cómic que se enfrenta al héroe Tom Cody (Michael Paré). Pero el principal impulso a su carrera le llega con la nominación al Oscar por Platoon. Nuestro hombre no se deja encasillar fácilmente y pasa de sargento en Vietnam con Oliver Stone al mismísimo Jesucristo, más humanizado que nunca según Martin Scorsese y su guionista Paul Schrader. Y de ahí, al perspicaz agente del FBI de Arde Mississipi, y a tantos y tantos papeles, alternando protagonistas con secundarios hasta crear una muy interesante filmografía en la que tampoco falta algún desliz, como muestra un engendro del calibre de El cuerpo del delito, junto a la inefable Madonna de nuevo jugando a ser actriz.
Bajo la batuta de Paul Schrader ha trabajado en cuatro films: en Posibilidad de escape borda su personaje de camello hastiado que busca sin suerte luchar contra su fatalista destino. Luego vendrá Aflicción, obra magna de Schrader en la que hace de hermano del gran Nick Nolte. En Desenfocado es el compañero de correrías erótico-festivas del actor de Tv Bob Crane (Greg Kinnear). Adam Resurrected ha sido muy bien acogida en la recién terminada Seminci de Valladolid, aunque se fue sin premio alguno.

Auténtico camaleón, a veces lleva a cabo elaboradas transformaciones como su bizarro Bobby Peru de Corazón Salvaje, o el trasunto de Nosferatu en La sombra del vampiro (nueva candidatura al Oscar). En los últimos años ha alternado rarezas como eXistenz de David Cronenberg con franquicias como Spiderman, además de asumir el riesgo y tener el valor de repetir con el enfant terrible de Lars Von Trier. Su corto papel del gangster padre de Grace (Bryce Dallas Howard) le supo a poco y repitió con el señor Lars, ahora ya con mayor protagonismo en Antichrist, en la que junto a Charlotte Gainsbourgh son cómplices del director danés en un ejercicio de funambulismo sin red. Otra muestra de su ambivalencia y capacidad está en The Dust of Time, 2ª parte de la trilogia histórica de Theo Angelopoulos presentada en la última Seminci, en la que interpreta a A, un cineasta norteamericano de origen griego.
Es Willem Dafoe uno de los actores más originales y magnéticos del cine actual.



Filmografía seleccionada:



1982 The Loveless (Kathryn Bigelow)
1983 El ansia (Tony Scott)
1984 Calles de fuego (Walter Hill)
1985 Vivir y morir en Los Angeles (William Friedkin)
1986 Platoon (Oliver Stone)
1988 La última tentación de Cristo (Martin Scorsese)
1988 Arde Mississipi (Alan Parker)
1989 Nacido el 4 de Julio (Oliver Stone)
1990 Corazón salvaje (David Lynch)
1991 Posibilidad de escape (Paul Schrader)
1993 Tan lejos, tan cerca (Win Wenders)
1996 El paciente inglés (Anthony Minghella)
1997 Aflicción (Paul Schrader)
1998 Lulu on the Bridge (Paul Auster)
1998 New Rose Hotel (Abel Ferrara)
1999 eXistenz (David Cronenberg)
2000 La sombra del vampiro (Elias Merhige)
2002 Desenfocado (Paul Schrader)
2002 Spiderman (Sam Raimi)
2004 El aviador (Martin Scorsese)
2004 The Life Aquatic (Wes Anderson)
2005 Manderlay (Lars Von Trier)
2006 Plan oculto (Spike Lee)
2007 Go Go Tales (Abel Ferrara)
2008 Adam Resurrected (Paul Schrader)
2009 Antichrist (Lars Von Trier)
2009 The Dust of Time (Theo Angelopoulos)

martes, 16 de junio de 2009

Una de John Wayne.





Marion Michael Morrison era un fornido mozo de 18 años criado en California que servía para todo en los estudios Fox. Podía hacer de carpintero construyendo atrezzo, cuidar de los caballos que actuaban en los westerns o transportar decorados al set. Así, no fue nada extraño que en una de John Ford se dejara ver como extra. De ahí a ser actor de reparto del estudio con el nombre de Duke Morrison (por eso luego se le conocería con ese mote) no había más que un paso.



En 1930, a la tierna edad de 23 años, el muchachote de Iowa tiene su primer protagonista con La gran jornada (Raoul Walsh). Le seguirán montones de westerns de Serie B rodados en muy pocos días, hasta que se le vuelva a cruzar en su peculiar caminar John Ford y le dé el personaje de Ringo Kid en La diligencia (1939) punto de inicio de su viaje a los cielos del género americano por antonomasia. John Wayne será a partir de aquí El Hombre del Oeste, como el título de aquella película de Anthony Mann con Gary Cooper. De limitadas cualidades interpretativas pero de una solvencia ilimitada ante una cámara, el Duque es el héroe varonil, aventurero y machista cuyo contexto está formado por verdes praderas, cielos inmensamente azules, desérticos territorios, ríos bravos .... En ellos pasea su imponente figura y su extraña forma de andar. Como icono del western debe su figura al maestro y amigo Ford (Three Godfathers, 1948 ; Fort Apache, 1948 ). Ese héroe de una pieza -el jinete aventurero o el soldado del Séptimo de Caballería- irá evolucionando paso a paso hacia personajes más rugosos. Con el tiempo las epopeyas serán menos heroicas, los héroes se cansan de serlo. Y en eso llegamos a Centauros del desierto, indiscutible obra maestra fordiana en la que ya no hay héroes sin aristas, o mejor dicho, no hay héroes. Ethan, el vaquero de la camisa a cuadros rojos y blancos, es un desarraigado, un racista, un ser lleno de odio y sed de venganza, un apátrida condenado a vagar. Es ésta una película de cambio, de ruptura, sin la cual no se hubiera podido llegar a El hombre que mató a Liberty Valance (1962) en la que John Wayne asume una imagen hermosamente legendaria. Pero Duke podía ser también un hombre tranquilo, un yankie en Irlanda en busca de sosiego, en la arcadia del Innisfree soñado por su colega Ford.




El otro gran cineasta que extrajo de Wayne pepitas de celuloide fue el maestro Hawks. Don Howard le encomendó una de sus mejores interpretaciones en Río Rojo (1948) y aportó su sabiduría al tono crepuscular y nostálgico de los papeles del Duque en sus últimos años en la profesión. Río Bravo y El Dorado son elegías a un tiempo que está dando sus últimos coletazos y Hawks sabe filmarlo con suave sarcasmo y fina melancolía.

John Wayne no tiene matices. Es un actor que es un género en sí mismo, y ha sabido triunfar con la complicidad que ha planteado desde el principio de su carrera con el público. Ya sea cine bélico, comedias de aventuras como las deliciosas Hatari y La taberna del irlandés, o un melodrama militar como Escrito bajo el sol, los espectadores desde los años 30/40 han sabido cómo era una película de John Wayne. Ideológicamente el Duque es también un hombre sin matices representante de esa derechona patriotera que venera a gente de la calaña de los Bush, papá e hijo. Pero mejor nos quedamos con el personaje antes que con la persona, donde esté la leyenda ¿para qué perder tiempo con la realidad?

Y de qué otra manera podría terminar su filmografía sino con un film titulado El último pistolero, un evocador canto de sirena de un género, una manera de actuar y filmar que ya eran pasto de la Historia.


viernes, 12 de junio de 2009

Eduard Fernández: natural y sin aditivos.




Actuó de mimo y payaso por las calles de Barcelona y en pequeños garitos y bares de amigos.


"Creo que es de las mejores cosas que he hecho en mi vida".


Hace pruebas para entrar en Els Joglars y a la tercera es la vencida, le admiten el el grupo con 23 años. Permanece 4 años con los de Albert Boadella en los que llega a actuar en unas 250 representaciones.


"No soy actor de escuela. Estudié mimo y otras historias y aprendí el
oficio a la antigua, encima de las tablas. Allí aprendes mucho. Día a día y
equivocándote"


Gracias a Sara Bilbatúa, directora de casting que creyó en Eduard desde el principio, debuta en el cine en 1999. La película es Zapping dirigida por Juan Manuel Chumilla, e interpreta a dos hermanos gemelos. En su segunda película, el estimulante thriller Los lobos de Washington (Mariano Barroso, 1999), destaca sobremanera en el papel de líder de la banda junto a un excelente reparto que cuenta con Javier Bardem, Ernesto Alterio, Alberto Sanjuán y Pepe Sancho. Por esta interpretación es nominado a los Goya al mejor actor revelación

Su entrada en el mundo del cine le llega ya con 35 años. La gran actuación en la película de Barroso le abre las puertas. Desde aquí hasta ahora Eduard Fernández ha conseguido con sus trabajos la consideración de actor serio, preparado y versátil, un intérprete que deja en evidencia a tanta joven estrellita salida de las series de TV que están inundando últimamente los estrenos del cine español.

"No me gustan los actores que no se muestran volubles, débiles. El peligro de esta profesión es estar siempre seguro de todo. Hay que mostrar la vulnerabilidad. Eso es lo que hace humano a un personaje"

Ha demostrado su capacidad interpretando distintos registros, aunque, es una opinión, le prefiero cuando encarna a tipos sin suerte (el guardaespaldas de La voz de su amo, Emilio Martínez Lázaro, 2001) o directamente perdedores (Los lobos de Washington, Smoking Room (Roger Gual y Julio D. Wallovits, 2002) y a hombres comunes (En la ciudad, Cesc Gay, 2003). No por ello dejamos de lado sus excelentes prestaciones como el odioso arribista de El método (Marcelo Piñeiro, 2005), el antihéroe lacónico de Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006) o el moderno Mefisto de Fausto 5.0 (Alex Oller y Carlos Padrissa, 2001) por el que gana el Goya al mejor actor. Pero para mí, el mejor Eduard Fernández es el Alex de Ficción (Cesc Gay, 2006), un hombre que se encuentra en un impasse en su vida, en su oficio (el de cineasta). Aparentemente pasan pocas cosas. Todo pasa por la cabeza y el cuerpo del personaje y hacerlo a través de la contención emocional y la introversión es algo muy difícil, y Eduard lo borda.

"A mí me gusta el cine que no habla mucho. Es difícil porque tienes que tener muy claro qué estás contando y de nuevo aparece la complicidad
con el director para saber qué cuentas sin decir una sola palabra"

Acaba de rodar Biutiful a las órdenes de Alejandro González Iñárritu en la que hace de hermano mayor de Javier Bardem y en la que según dice el propio Eduard aparece la Barcelona que no salía con Woody Allen. Entre sus últimos trabajos destaca el premio que ha obtenido en el Festival de Málaga a la mejor interpretación por Tres días con la familia dirigida por la jovencísima Mar Coll, un drama familiar que promete, y es que la sola presencia de Eduard es ya, de por sí, una garantía de calidad.

"Lo que me gusta del cine es el primer plano. Liv Ullman decía hace poco que con los años le gusta dejar entrar la cámara dentro de ella,
sin hacer nada más. Eso es lo que me gusta."


jueves, 7 de mayo de 2009

Sterling Hayden, el marinero que se hizo actor.



Fue marino -se enroló en un barco por primera vez a los 16 años y a los 23 era ya capitán-, y para pagarse las travesías a bordo de su barco empezó a trabajar como modelo. Fue así como llamó la atención de un cazatalentos de la Paramount. El estudio lo contrató en 1941 y le hizo debutar como pareja de Madeleine Carroll en Bahama Passage y Virginia, ambas de 1941, dirigidas por Edward H. Griffith. Al año siguiente se casaría con la actriz.
Le costó trabajo arrancar su carrera en estos primeros años, tal vez porque se le veía sólo como un joven galán sin reparar en la profunda carga de amargura y vigor que escondía. En 1950 tuvo un bello papel protagonista como el nostálgico gangster que va a morir entre los caballos de su casa natal en Kentucky en el memorable fin de La jungla del asfalto de John Huston. Su personaje, marcado por un fúnebre fatalismo, ansía retornar a los prados que le vieron crecer y abandonar así una vida delictiva. Hayden, con su físico robusto y su rostro curtido, otorga a su papel una dignidad y prestancia procedentes de un talento natural intuitivo encauzado por las indicaciones de Huston.
Al año siguiente en plena fiebre de la Caza de Brujas, comparece ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas prestándose a declarar como testigo amistoso. En esas comparecencias se arrepiente de su militancia comunista y delata a varios compañeros, entre ellos Abraham Polonsky, para poder continuar su carrera profesional. Pero más tarde quiso dar marcha atrás y militó decididamente en contra de los inquisidores y, despreciando las posibles represalias de los estudios, incitó a otros a negarse a testimoniar. Su carrera se vió perjudicada por estos hechos.
De aspecto duro, pero noble y decidido, se le confiaron en esta época muchos papeles de policía. Así fue en las dos películas que estrenó en 1954: Naked Alibi (Jerry Hopper) y De repente (Lewis Allen). También era parte de las fuerzas de la ley en Crime of Passion (Gerd Oswald, 1957) en la que acaba deteniendo a su esposa por asesinato. Pero por lo que pasaría a la Historia del Cine es por su papel de Johnny Guitar en el film de 1953 de Nicholas Ray donde daba vida -y recitaba con Joan Crawford esos antológicas diálogos- al guitarrista errante y melancólico, hábil tirador armado sólo de guitarra, y fracasado en el amor. Pero este bellísimo western no fue valorado en su tiempo y no le sirvió de gran cosa a Sterling Hayden a la hora de que le ofrecieran buenos proyectos.
En 1956 protagoniza la magnífica Atraco perfecto a las órdenes de Stanley Kubrick interpretando al meticuloso profesional del robo, el cerebro del atraco perfecto que acaba viendo como el destino acaba jugándole una mala pasada en forma de maleta que vuelca y viento que esparce los billetes por la pista del aeropuerto. Esta actuación tampoco le vale para alcanzar categoría de estrella, pero consigue que se le siga llamando para películas, sobre todo westerns y bélicas. En 1958, cansado de Hollywood, se marcha a recorrer mundo con su barco. Regresa al cine 5 años después como el oficial anticomunista en una sátira de la Guerra Fría, la desbocada comedia de Kubrick Teléfono Rojo ¿volamos hacia Moscú?. En esta época decide que ya sólo recurrirá a su trabajo como actor para conseguir ingresos con los que financiar sus travesías marinas. Sus apariciones a partir de entonces fueron más breves y espaciadas, no obstante logró destacar con intensos papeles en El Padrino (Francis Ford Coppola), El largo adiós (Robert Altman) y Novecento (Bernardo Bertolucci).

jueves, 26 de febrero de 2009

Philipp Seymour Hoffman.







Philip Seymour Hoffman es un neoyorkino de 41 años de aspecto vulgar. Barriga cervecera, rechoncho y algo cabezón, de melena rubia y despeinada, nunca será un galán ni mucho menos un héroe, pero sus dotes interpretativas han hecho de él todo un referente entre los mejores actores de la actualidad, y ahí están la cantidad de nominaciones y premios para corroborarlo.



Hoffman no confía en su talento a la hora de componer un personaje. Ejemplo de ello son los cinco meses de preparación que necesitó para convertirse en Truman Capote.

Él no quiere "hacer de", quiere "ser" el personaje, y ése es un proceso agotador y doloroso. Suele ser muy minucioso y obsesivo en su trabajo hasta el punto de hacer constantes observaciones y preguntas al director de turno sobre su personaje. En resumen un actor "plasta", aquel que necesita saberlo todo acerca de su papel para, a partir de ahí, elaborar su propia creación y poder hacerlo suyo.



Breve paseo por lo más destacado de su filmografía:


  • Boogie Nights (Paul Thomas Anderson, 1997). Es Scotty J. técnico de sonido y chico para todo que forma parte de la troupe del rey porno (Burt Reynolds) en la California de los años 70. En el segundo film de P.T. Anderson interpreta a un homosexual tímido y reprimido metido en la industria del sexo.

  • Happiness (Todd Solondz, 1998). El actor que venía de hacer un corto papel en El Gran Lebowski insufla vida a un personaje vomitivo y patético, Allen, un inadaptado obsesionado con Lara Flynn Boyle.

  • Nadie es perfecto (Joel Schumacher, 1999). P.S. Hoffman es lo único salvable en esta mediocre película en el papel de una drag queen que da clases de canto a su vecino (Robert de Niro), un policía retirado, machista y homófobo.

  • Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999). Por una vez no interpreta a un tipo raro. Su personaje es Phil, un apacible y comprensivo enfermero que atiende a un enfermo de cáncer terminal en este intenso y sombrío fresco social, modelo vidas cruzadas.

  • El talento de Mr. Ripley (Anthony Minghella, 1999). Tiene una breve aparición como el afeminado amigo de Jude Law. Muere a manos del inmoral protagonista (Matt Damon).

  • Con amor, Liza (Todd Louiso, 2002). Su primer papel protagonista, Wilson Joel diseñador de webs que, abatido y confuso, intenta asumir el suicidio de su esposa. Es incapaz de abrir la carta de despedida que ella le ha dejado mientras busca consuelo esnifando gasolina e intentando aficionarse al aeromodelismo. Un excelente P.S. Hoffman con una interpretación rozando el autismo está presente en todo momento en esta película de tono triste y pocas palabras, una muestra de auténtico cine indie.

  • Punch-Drunk love. Embriagado de amor (Paul Thomas Anderson, 2002). Sale poco tiempo pero borda su papel, administrador de una línea de teléfono erótica que pretende timar a un furioso Adam Sandler en esta comedia romántica marciana, su cuarta colaboración en la cuarta película de Paul Thomas Anderson.

  • La última noche (Spike Lee, 2002). Papel secundario como uno de los íntimos amigos -un tímido profesor- de Edward Norton, con el que pasará un tiempo antes que éste ingrese en prisión
  • Truman Capote (Bennett Miller, 2005). Memorable interpretación de Hoffman, merecedora de un Oscar. No se transforma en Capote, es Capote.
  • Mission Imposible III (J.J. Abrams, 2006). Es el megavillano de turno que tiene que amargarle la vida al soso de Tom Cruise. Pirotecnia a raudales, acción sin ton ni son, y poco más.
  • Antes que el diablo sepa que has muerto (Sidney Lumet, 2007). P.S. Hoffman es uno de los dos hermanos (el otro es Ethan Hawke) que se proponen atracar la joyería de su padre en esta excelente película filmada con brío y energía por el octogenario Lumet en la que todo el reparto raya a un altísimo nivel: además de los citados, Albert Finney y Marisa Tomei.
  • La familia Savages (Tamara Jenkins, 2007). Drama con toques de humor negro sobre dos hermanos, P.S. Hofman y Laura Linney, enfrentados a la demencia y la inminente muerte del padre. El es un profesor de literatura y ella aspira sin éxito a ser novelista. Los dos actores están magníficos en esta película desoladora y conmovedora a la vez.
  • La duda (John Patrick Shanley, 2008). Es ésta una película de actores, muy por encima de un guión y una realización planos. Hoffman es el padre Brendan, sospechoso de abusos sexuales. Meryl Streep interpreta a la compañera/rival un personaje que cree que sólo el orden y la disciplina severa pueden conducir al aprendizaje. Brendan es contrario al castigo y utiliza la comprensión y el cariño. El actor está prodigioso, consiguiendo que el público empatice con su personaje pese a la duda de si es culpable de abusos.

Y en este mes de Febrero debe de haberse iniciado el rodaje de Jack Goes Boating, el proyecto en el que P.S. Hoffman se estrena como director. Basada en una obra de gran éxito en Broadway de Bob Glaudini interpretada por el propio Hoffman, su personaje es un conductor de limusinas, inadaptado y soñador, que dedica su tiempo libre a ayudar desinteresadamente a los demás, y que inicia una relación con Connie, la ayudante de un embalsamador con la que compartirá desde aficiones comunes a drogas ilegales.

jueves, 15 de enero de 2009

John Garfield "Golden Boy".



Hollywood, 25 de Mayo de 1952. Ha muerto John Garfield, actor, antes de cumplir los 40. Hace 5 años ya había sufrido otro infarto. Su salud era precaria. Se veía venir. Ultimamente se le había visto muy demacrado, siempre solitario, viviendo la noche entre el acohol y constantes escarceos sexuales, como un personaje del novelista David Goodis. A pesar de estar ocupado con el reestreno teatral de Golden Boy en Marzo pasado, su vida ha estado marcada estos últimos dos años por una frenética autodestrucción.




(FLASHBACK)



Nacido con el poco cinematográfico nombre de Jacob Julius Garfinkel en 1913, en Nueva York, y muerto joven en trágicas circunstancias, su reputación parece estar basada en los más gastados clichés hollywoodienses: el chico de barrio que consigue triunfar pero cae pronto en un vertiginoso declive, el primer "rebelde sin causa", el precursor de James Dean ...

Pero como ocurre tantas veces en estas historias, siempre hay algo de real. Sus padres eran inmigrantes judíos procedentes de Rusia, su madre murió cuando tenía 7 años. Pudo haberse convertido en delicuente juvenil si un profesor inteligente y comprometido no hubiera encauzado su exceso de energía hacia la interpretación. De joven recorrió los EE.UU. con un amigo trabajando en cualquier cosa que saliera y conociendo de primera mano la dura realidad de la clase obrera. Luego volvió a Nueva York y entró a formar parte del Group Theatre en 1934. Tras trabajar en muchos de sus montajes, el grupo puso en escena la obra Golden Boy en 1937 en la que iba a tener el papel principal. Después, al verse relegado a un papel más secundario, decidió firma el contrato por 7 años que la Warner Bros. llevaba tiempo ofreciéndole.

Con 25 años era ya una estrella con su papel de joven músico rebelde en Four Daughters (Michael Curtiz, 1938). Su éxito como Micky le llevó inevitablemente a interpretar a personajes de parecida tipología: en They Made Me a Criminal (Busby Berkeley, 1939) era un boxeador perseguido, acusado de asesinato; en Defendiendo mi vida (Lewis Seiler, 1939) era un joven que habia salido del reformatorio.

A principios de la década de los 40 intervino en muchas películas, destacando títulos como El lobo de mar (Michael Curtiz, 1941), La vida es así (Victor Fleming, 1942) y Destino Tokio (Delmer Daves, 1943), en el papel de un veterano de guerra ciego.









Después de la Guerra continúa su ascensión con papeles como el de amante de Lana Turner y asesino en la mítica El cartero siempre llama dos veces (Tay Garnett, 1946), o su intervención en La barrera invisible (Elia Kazan, 1947), ganadora del Oscar a la mejor película.

En 1946 cuando finalizaba su contrato con la Warner creó una productora independiente (Enterprise) -era el primer actor de Hollywood que lo hacía- con la que produjo Cuerpo y alma (Robert Rossen, 1947). Por su papel como boxeador corrompido fue nominado al Oscar.



El nefasto Comité de Actividades Antiamericanas le tuvo en su punto de mira durante años por su postura en la defensa de causas progresistas, aunque en realidad no se le acusó de nada en concreto, pero su nombre estaba en las famosas "listas negras" por negarse a colaborar con el Comité denunciando a compañeros. Incapaz por ello de volver a trabajar en Hollywood, se refugió en su amado teatro, haciendo realidad una de sus ilusiones: interpretar al protagonista de Golden Boy durante algunas semanas antes de su muerte por un infarto.





En menos de 40 años de vida John Garfield habia alcanzado un gran prestigio como actor. Con su aspecto de hombre de la calle, tan alejado de cualquier arquetipo, supo representar al individuo de clase media-baja que en busca del sueño americano podía llegar hasta la cima y hundirse posteriormente acosado por la fatalidad o la corrupción. Podia interpretar personajes duros y a la vez expresar indefensión.


Su escuela interpretativa procedía del método Stanislavsky, de sus inicios a los 21 años junto a los hombres que formarían el célebre Group Theatre : Clifford Odets, Lee Strasberg, Elia Kazan ..., una formación que entendió el arte escénico de una manera novedosa y experimental para su época.