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jueves, 25 de febrero de 2010

Atlantic City (Louis Malle, 1980)




A finales de los 70, Louis Malle estaba instalado en los U.S.A. y tras rodar en Hollywood "La pequeña" con la por entonces lolita Brooke Shields, filma "Atlantic City" con un Burt Lancaster en el último de sus grandes papeles, como el corredor de apuestas ilegales Lou, un gangster de medio pelo, que vive del recuerdo de pasados esplendores, cuado decía ser un pez gordo y se codeaba con Capone.

Mezcla de thriller de gángsters e historia de amor crepuscular en el ambiente de un centro turístico costero venido a menos, la película nos presenta la última oportunidad de Lou, en forma de una cantidad de cocaina robada, para vender, y una vecina (Susan Sarandon), aspirante a croupier de casino a la que el viejo espía desde su habitación (inolvidable la secuencia de inicio con Lou espiando a su vecina, que después de trabajar en la pescadería, lava sus pechos y brazos con limones)

Malle filma, con cercanía y comprensión hacia sus perdedores protagonistas, el abismo entre los sueños y la realidad sirviéndose del escenario de un parque de atracciones y una ciudad en pleno declive, como el personaje de Lou.

Destacar la interpretación de Burt Lancaster en estado de gracia (sería nominado al Oscar) y una Susan Sarandon (por aquel entonces pareja del director) que comenzaba y que también sería nominada aquel año por "Atlantic City".

Finalmente, la película cosecharía un gran éxito en la taquilla que además estuvo acompañado del respaldo crítico: León de oro en el Festival de Venecia y premio de la crítica estadounidensea la mejor película. De las cinco nominaciones al Oscar no obtuvo ningún premio.




lunes, 15 de diciembre de 2008

Herida (Louis Malle,1992)




Uno de los más sugestivos y ascéticos retratos de una pasión amorosa destructiva, a contracorriente, donde Louis Malle deja fuera cualquier atisbo de sentimentalismo, rechazando el morbo, y ahondando en los personajes y sus emociones, sacando petróleo de dos actores inconmensurables, Juliette Binoche y Jeremy Irons en estado de gracia.


El argumento viene a ser más o menos, clásico: una mujer, Anna Barton (Juliette Binoche) -enigmática, provocadora de pasiones arrebatadoras y dependencias enfermizas- que entra en un mundo cerrado y ordenado, sentimentalmente aséptico, el de la familia del político inglés Stephen (Jeremy Irons), y lo trastorna con su sola presencia, provocando pasiones, odios y finalmente, muerte.



Anna es la nueva novia de Martyn (Rupert Graves), el hijo de Stephen. El primer encuentro entre la mujer y el padre de su novio es una secuencia magnífica y marca el devenir del relato. En una recepción Anna se presenta a Stephen. Las miradas hablan, no necesitan palabras, parecen dos animales que han encontrado a su presa.


En el segundo encuentro, ya en la casa familiar, Anna estrecha la mano de Stephen como si no le conociera y el cruce de miradas revela una relación que va a ir más allá de la seducción o el romanticismo. Los encuentros sexuales, casi sin palabras, son como combates entre animales heridos, filmados sin ningún tipo de morbo, como si los amantes sufrieran en el engaño, preñados de una fatalidad que endurece su pasión. Herida produce durante su visionado esa sensación de malestar interno, de desasosiego, que supera y aniquila a sus protagonistas -recordemos esa secuencia en el hotel de París en la que Stephen se retuerce de dolor y angustia al ver a su hijo y a Anna en otra habitación tras la ventana-.


La planificación de Malle es funcional y austera, supeditada siempre al trabajo de los actores, y éstos estan todos sobresalientes, quizás con la escepción de Martyn (impersonal Rupert Graves). Además de la labor de Jeremy Irons -de porte elegante y mirada esquiva, delatando su tormento interior, intentando siempre guardar las formas- y de Juliette Binoche -un plano de su rostro transmite todo ese enigma, esa especie de ángel de la fatalidad que ella representa-, hay que añadir una excelente Miranda Richardson como la esposa de Stephen -gran secuencia la del enfrentamiento final con el marido- y Leslie Caron como la madre de Anna.

Anna Barton expresa la clave de su personalidad al revelar el trauma que supuso la muerte de su hermano: "La gente herida es peligrosa, porque sabe que puede sobrevivir", y esa frase es también aplicable a Stephen. Él estaba "muerto" antes de conocer a Anna. Una vida perfecta, un matrimonio perfecto, una carrera perfecta unos hijos perfectos ... una vida sin pasión, sin lucha, así es él, frío, metódico, cortés, ordenado. La relación con Anna le provoca esa herida, y el final de la película es la vuelta a la vida de un superviviente.