- Maureen O'Hara: ¡Es un sinvergüenza! ¡Quién se ha creido que es para besarme así!
- John Wayne: Vaya, sabe hablar.
- Maureen O'Hara: ¡Solo que hablo cuando quiero! ¡Le drá algo más que conversación si da un paso hacia mí!
- John Wayne: Tranquila, sacude muy fuerte.
- Maureen O'Hara: Supongo que lo superará.
- John Wayne: Hay cosas que un hombre no supera fácilmente.
- Maureen O'Hara: ¿Qué, por ejemplo?
- John Wayne: La aparición de una chica que avanza a través de los campos con el sol en sus cabellos, o arrodillada en una iglesia con el rostro de santa.
jueves, 9 de junio de 2011
El amor en Innisfree.
jueves, 21 de abril de 2011
Pero... quién mató a Liberty Valance?

- John Wayne: ¡Lavaplatos! ¿A dónde vas?
- James Stewart: Vuelvo a casa, Tom. Vuelvo al Este que es a donde pertenezco.
- John Wayne: Valance no logró hacerte huir, ¿qué te pasa amigo, es tu conciencia?
- James Stewart: ¿Acaso no es una carga matar a un hombre y luego poder construir una vida sobre esa muerte?
- John Wayne: Hablas demasiado, piensas demasiado. Además tú no mataste a Liberty Valance.
- James Stewart: ¿Qué?
- John Wayne: Haz memoria. Valance salió de la cantina. Tú caminaste a su encuentro cuando él disparó el primer tiro.
- James Stewart: Pero Tom... ¡por qué lo hiciste? ¿por qué?
- John Wayne: Fue un asesinato a sangre fría, pero a mí no me remuerde la conciencia. Hallie es dichosa, quería que tú vivieras.
- James Stewart: Pero tú me salvaste la vida, Tom
- John Wayne: Mejor hubiera sido no hacerlo. Ahora Hallie es tu chica. Entra de nuevo ahí y acepta el nombramiento. Tú le enseñaste a leer y a escribir. Ahora dale la ocasión de que tenga sobre qué leer y escribir.
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jueves, 29 de julio de 2010
Conato de adulterio en la sabana.

- Clark Gable: ¿alguna novedad? ¿Necesitas algo?
- Grace Kelly: Todo está perfecto, gracias.
- Clark Gable: Entonces, buenas noches.
- Grace Kelly: Espera un momento, por favor ... Hace días que he notado que la señorita Kelly hace ... ciertas insinuaciones.
- Clark Gable: No me preocuparía de eso. La dejaremos en el puesto de Kenia.
- Grace Kelly: ¿Qué puede darle derecho a decir esas cosas?
- Clark Gable: Nos vió la otra noche en el porche.
- Grace Kelly: Olvídalo, es como si no hubiera ocurrido. Sólo fue ..., no fue nada.
- Clark Gable: ¿Quieres que lo olvide?
- Grace Kelly: Por eso cambiaste de idea acerca de esta expedición.
- Clark Gable: Y porque no estás enamorada de él ...
- Grace Kelly: ¡Cállate!
- Clark Gable: ... aunque lo dijeses esta tarde en el coche. Y yo sé por qué lo dijiste.
- Grace Kelly: Porque es cierto. Estoy enamorada de Donald.
- Clark Gable: Una vez me preguntaste porque no me había casado. Puede que tú seas la respuesta, Linda.
miércoles, 21 de julio de 2010
Carta breve para un largo adiós, de Peter Handke.
lunes, 8 de marzo de 2010
El hombre tranquilo (John Ford, 1952)

Es un auténtico placer revisitar The Quiet Man, obra maestra del maestro John Ford. Es una de esas películas que, como Hatari de Howard Hawks, he visto tantísimas veces, y siempre es una gozada volver a ellas. Tiene algo hermoso, está hecha de puro lenguaje cinematográfico. La narración es limpia, sin artificios, utilizando siempre los recursos narrativos más eficaces. A pesar de su aparente facilidad se trata de una película meticulosamente construida. La riqueza de los gags, la sabiduría en la descripción de gentes y ambientes, la sensualidad con la que se recrean unos paisajes de seductora belleza, el magistral uso de la música y ls canciones irlandesas, otorgan e El hombre tranquilo el honorífico título de Gran Poema Cinematográfico de la Historia del Séptimo Arte.
John Ford nos cuenta la historia de amor entre Sean Thornton y Mary Kate Danaher, pero tan protagonista como ambos es la utópica Irlanda fordiana y sus pasiones: la bebida, la religión , el juego, la música ... y las peleas. A Ford no le interesa para nada retratar una realidad. Es su Irlanda soñada, concebida como un paraíso perdido, un sueño imposible, un cálido refugio para los tiempos duros. En esta arcadia todavía se puede recobrar la inocencia, no existen las dobleces, y florece la camaradería entre hombres, tema recurrente en el cine de John Ford.
El hombre tranquilo es una comedia romántica, una de las Grandes Historias de Amor del Cine. Es también la historia del reencuentro de Sean Thornton con sus orígenes, con lo que él es y lo que desea ser. El personaje de John Wayne, que un día decide abandonar su vida en Estados Unidos (del trabajo en los altos hornos al boxeo) y retornar al lugar que le vió nacer en busca de la más genuina de las aventuras, la búsqueda de las propias raíces, puede verse como una versión fordiana del Ulises de la mitologia griega, y el propio director nos da una pista sobre ello. Su carácter homérico no sólo está en la referencia humorística que hace Michaeleen Flynn (Barry Fitzgerald) cuando exclama: "homérico" en una divertida escena de la película, palabra que repetirá dos veces más, en otros momentos. Ese retorno a la ancestral Itaca de Innisfree tiene sus obstáculos que el forastero yankie debe salvar - en forma de rígidas y antiguas costumbres y formas de hacer- si quiere dejar de ser un extraño en la comunidad.
Pero, volvamos a la historia de amor entre sean y Mary Kate, John Wayne y Maureen O'Hara, una pareja con una química cinematográfica impresionante. El amor aparece de inmediato, como una visión, con la aparición bucólica ante Sean de una Mary Kate llevando un rebaño de ovejas por los verdes pastos. A partir de ahí será esencial en el desarrolo de su relación el juego de miradas, la comunicación no verbal entre ambos. Pocas veces he visto en el cine tanta intensidad comunicativa en un intercambio de miradas como cuando Mary Kate y Sean se cruzan por primera vez después de que su hermano Will se negara a concederle a él la mano de ella. Hay en los gestos y miradas una tensión erótica que pasa por encima de convencionalismos y tradiciones, y que se manifiesta, hermosa, en dos secuencias inolvidables: en la primera, Sean entra en la que fue su vieja casa que acaba de comprar a la viuda Tillane, y se la encuentra limpia y con la chimenea encendida. Mary Kate está escondida, y cuando intenta salir Sean la coge bruscamente, la estrecha en sus brazos y la besa. La segunda comienza con la fuga en bicicleta de Sean y Mary Kate, con lo que supone de ruptura de las tradiciones y de excitante transgresión adolescente por parte de los dos enamorados. La escena de amor con que finaliza esta secuencia es de un erotismo revelador. La pareja se refugia de la súbita tormenta en un cementerio anejo a una iglesia. Sean se despoja de la americana para ofrecérsela a Mary Kate. La lluvia empapa su blanca camisa que se adhiere a la piel. Se abrazan y se besan como dos jovencitos que están haciendo algo prohibido en un lugar prohibido. La atmósfera mágica y misteriosa, la naturaleza que se muestra con fuerza (el viento, la lluvia, los relámpagos), la sensualidad de los besos y los abrazos, crean una hermosa sensación de lúdico erotismo.
Y luego están los actores secundarios, esos fantásticos secundarios de la familia fordiana con los que el director se sentía a sus anchas para trabajar seguro. El irlandés Victor McLaglen interpretando a Will Danaher, que es como un ogro que no es del todo malo, con la gracia de los cómicos del cine mudo. El cura católico Lonergan, más interesado en pescar al salmón Arthur y en las conspiraciones amorosas de la comunidad, que en asuntos propiamente religiosos, interpretado por War Bond, un actor visto tantas veces en películas de John Ford. O la rica viuda Tillane, en la piel de Mildred Natwick que estaba especializada en papeles de ricas solteronas. Y por último, Michaeleen Flynn a quien Barry Fitzgerald presta su físico peculiar, un borracho vocacional, además de controlador de apuestas, casamentero, guardián celoso de las ancestrales tradiciones, ... entre otras cosas, irrepetible.
Y está también ese fascinante paisaje irlandés, en colores intensos, luminosos, fotografiados espléndidamente por Winton C. Houch: verdes prados, pastos salpicados de rudas construcciones de piedra y techos de paja, riachuelos de límpidas aguas cruzados por antiquísimos puentes ... una Irlanda teñida de bucólico erotismo.
Y para acabar, ahí va una de rumores y cotilleos. Se dice que en el rodaje de El hombre tranquilo John Ford soñaba con tener en sus brazos a Maureen O'Hara cuando le decía a John Wayne: Bésala con más pasión o Aprétala contra tu pecho con más fuerza. También se decía que el cambio del nombre de la protagonista en el guión original por el de Mary Kate era un homenaje al que fuera uno de los grandes amores frustrados de Ford y fiel amiga suya, Katherine Hepburn.
Como complemento a la (re)visión de El hombre tranquilo no está de más ver Innisfree (1990) de José Luis Guerín, el documental homenaje en el que se recorren los lugares en que se rodó The Quiet Man, se recrean la música y el ambiente de Irlanda y se habla con los sucesores reales de aquellos personajes de ficción.