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martes, 14 de diciembre de 2010

Valeria Bruni-Tedeschi, actriz y directora.




Lo que menos interesa de Valeria es que sea la cuñada del estirado de Sarkozy. Seguro que no se llevan nada bien. Pasemos página.
Da Valeria Bruni-Tedeschi me quedo con sus profundos ojos azules de melancólica mirada, con esa forma que tiene tan liviana de aparecer y desaparecer, con ese charme y glamour tan francés para una italiana como ella, con su sonrisa desbordante, con su discreta distinción...
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Nacida en Turín en 1964, vivió en Italia hasta los nueve años. Toda su adinerada familia se trasladó a Francia, en una época convulsa para Italia en la que el grupo terrorista de Las Brigadas Rojas extorsionaba a los magnates de la industria con la amenaza del secuestro de sus hijas. Así pues, prácticamente toda su educación es francesa. De hecho tiene la doble nacionalidad.
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Su formación como actriz se gesta en el Théâtre des Amandiers de Nanterre, donde daba clases Patrice Chéreau, quien la hizo debutar en el cine con Hotel de France (1987). A partir de aquí su filmografía no para de crecer, casi siempre a razón de más de una película por año, alternando Francia con Italia, aunque a partir del año 2000 su carrera transcurre casi en su totalidad en el país galo. Una lástima que muchas de ellas no hayan podido atravesar las duras fronteras de la distribución y no se estrenaran en España. Hasta ha tenido una incursión en Hollywood con un papel secundario en Munich (2003) de Steven Spielberg. Repetirá con su descubridor, Patrice Chéreau en dos películas muy diferentes: la histórica La Reina Margot (1993) y el drama Los que me quieren cogerán el tren (1997). También tiene un Chabrol en su filmografía, En el corazón de la mentira (1998), en la que interpreta a una sagaz policía. Pero donde más me gusta Valeria es en dos películas de temática parecida y muy distinta puesta en escena: 5 x 2 (Cinco veces dos) (2004) de François Ozon y Un couple parfait (2005) de Nobuhiro Suwa, dos películas sobre la crisis de una pareja, bastante superior la del director japonés.
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Pero no solo es actriz Valeria, también ha dirigido dos películas de marcado tono autobiográfico (ella misma interpreta en las dos a la protagonista y su propia madre, Marysa Borini hace de su madre en la ficción): Es más fácil para un camello... (2003) que tuvo un considerable éxito en Francia además de ganar el Premio Louis Delluc a la mejor ópera prima y Actrices (2007).
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jueves, 12 de agosto de 2010

La belleza natural de Virginie Ledoyen.





















Filmografía seleccionada:
1991 El ladrón de niños (Christian de Chalonge)
1993 Las marmotas (Elie Chouraqui)
1994 L'eau froide (Olivier Assayas)
1995 La ceremonia (Claude Chabrol)
1995 La file seule (Benoit Jaquot)
1996 Mahjong (Edward Yang)
1998 Jeanne y el chico formidable (Olivier Ducastel & Jacques Martineau)
1998 Finales de Agosto, principios de Septiembre (Olivier Assayas)
1999 La hija de un soldado nunca llora (James Ivory)
2000 La playa (Danny Boyle)
2002 8 mujeres (François Ozon)
2003 Bon Voyage (Jean-Paul Rappeneau)
2005 El internado (Pascal Laugier)
2006 Bosque de sombras (Koldo Serra)
2006 El juego de los idiotas (Francis Veber)
2009 L'armée du crime (Robert Guediguian)



miércoles, 19 de mayo de 2010

Zhang Ziyi, porcelana china.



La descubrimos en 1999 cuando interpretó el maravilloso film de Zhang Yimou El camino a casa. Tenía 20 años y desde entonces su carrera cinematográfica no ha hecho más que crecer. Parece que la díscola Zhang Ziyi va a debancar a la discreta Gong Li como la nueva belleza china. Una y otra son muy distintas, pero las dos son estupendas actrices y bellísimas mujeres.

Tras su película con Zhang Yimou, da el gran salto internacional con la exitosa Tigre y dragón. Estaba espléndida como la misteriosa hija del gobernador en sus luchas voladoras de artes marciales. La película tuvo un gran éxito en los Estados Unidos y Zhang Ziyi comenzó a estudiar inglés con vistas a futuros proyectos en Hollywood. Pero, cosas de la vida, en su primer papel allí, Hora punta 2, sólo hablaba chino y era una asesina que tenía que vérselas con el inútil de Jackie Chan.






Repite con Zhang Yimou y con el género "luchas voladoras": Hero (2002) y La casa de las dagas voladoras (2004). En la primera tenía un corto pero intenso papel. En las retinas quedará su bellísima lucha con Maggie Cheung, ambas suntuosamente ataviadas de rojo, en un bosque repleto de hojas secas. En la segunda, es una trágica heroína en una hermosa historia de amor, amistad y espadas. Ziyi cautiva desde su primera aparición como una bailarina ciega en la espectacular secuencia de la danza-combate en La Casa de Las Peonias.


Su trabajo en la irregular 2046 (Wong Kar-wai, 2004) la consolida como la gran actriz que es. Memorias de una geisha (Rob Marshall, 2005) la une a otras dos grandes del cine asiático, Gong Li y Michelle Yeoh. Participa en otros films como Princess Racoon (Seijun Suzuki, 2005), Mei Lanfang (Chen Kaige, 2008), Los jinetes del Apocalipsis (Jonas Akerlund, 2009).
Está en el último proyecto de Wong Kar-wai, que puede que se estrene el año próximo con el título de The Grand Master, una biografía sobre la juventud de Bruce Lee.




jueves, 11 de marzo de 2010

Romy Schneider. Lo importante es amar.



Fotos de Giancarlo Botti, París, 1974








De ojos tristes, brillantes y enigmáticos, Romy Schneider poseía un encanto especial al que era difícil resistirse. De la jovencita empalagosa y cursi, niña prodigio del cine alemán con la serie de películas sobre Sissí, pasó a convertirse, en una espectacular metamorfosis, en una de las más fascinantes mujeres del cine europeo. La que empezó siendo una princesa de máscara permanente, de brillo internacional y desorbitada fama, luchó denodadamente después para cambiar aquella imagen que otros habían construido de sí misma. Y supo convertirse en una actriz capaz de interpretar a mujeres de verdad. Además de una belleza cautivadora fue una actriz de gran sensibilidad, que mereció mejores películas que las que le ofrecieron.

La nueva Romy otorgaba a sus personajes (generalmente burguesas, con heridas en el alma) un desgarro interior, una tristeza, que parecía provenir de su propia, y problemática, experiencia afectiva. En una entrevista afirmó: Soy una mujer desgraciada porque confundo la vida con las películas, o, Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las últimas consecuencias, me entrego y amo con todo mi corazón.

En 1981 su hijo de 14 años murió en un terrible y absurdo accidente. Romy nunca lo superó. Al año siguiente la encontraron muerta una mañana en su apartamento de París. Oficialmente se trataba de un paro cardíaco, aunque los rumores de suicidio se dejaron oir al recordar la depresión en la que estuvo sumida en sus últimos meses. Sus más allegados dijeron que sencillamente murió de pena.






miércoles, 10 de febrero de 2010

Lizabeth Scott, femme fatale de Serie B.


Ha sido uno de los rostros más duros e inquietantes del cine negro hasta el punto de que algunas de sus películas se recuerdan tanto o más por ella que por su compañero masculino de reparto, aún cuando éste fuera el mismísimo Bogart.
Ese rostro, esa presencia, hicieron de ella una de las reinas indiscutibles del género en producciones de bajo presupuesto pero altas prestaciones.


Actriz nacida como Emma Matzo un 29 de septiembre de 1922 en Scranton (Pensilvania). Tras unos inicios en el teatro y trabajar como modelo en Nueva York, firmó un contrato con el productor Hal Wallis para debutar en 1945 con You Came Along dirigida por John Farrow.


Lizabeth Scott impuso en sus trabajos para el cine una expresión áspera y altiva, teñida de tristeza, lo cual unido a su sensual voz y a su rubia cabellera, la destinaron a papeles de vocalista de night club, aventurera y femme fatale.











Filmografía seleccionada:
1945 You Came Along (John Farrow)
1946 El extraño amor de Martha Ivers (Lewis Milestone)
1947 Callejón sin salida (John Cronwell)
1947 Desert Fury (Lewis Allen)
1948 Pitfall (André de Toth)
1948 I Walk Alone (Byron Haskin)
1949 Easy Living (Jacques Tourneur)
1950 Ciudad en sombras (William Dieterle)
1951 Two of a Kind (Henry Levin)
1951 El soborno (John Cromwell)
1952 Stolen Face (Terence Fisher)
1954 Filón de plata (Allan Dwan)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Elena Anaya. Ojos hechiceros.
















Leido en el País.com/el País Semanal


Dispuesta a ganar la partida

Será su año. En 2010 le espera póquer de estrenos. Cuatro películas que la desnudan y muestran sus más variados registros. La actriz ha cambiado su aspecto aniñado por una hechizante belleza.
Lo extraño no es que tenga cada ojo de un color; lo extraño es que puede llorar con uno mientras ríe con el otro. Es entonces cuando se descubre que el equilibrio de un rostro se escapa a razones. Probablemente no existe una belleza comparable a Elena Anaya en el cine español, aunque ella nunca fuese muy consciente de sí misma. O precisamente por eso. La actriz siempre tuvo buena estrella, y también una mezcla de absoluta determinación y total descreimiento. Para el próximo año le espera un póquer de estrenos. Cuatro películas, dos españolas -Hierro y Habitación en Roma- y dos extranjeras -Enemigo público nº 1 y Cairo Time-, que darán cuenta de los registros de una actriz dispuesta a ganar la partida. La niña que debutó en 1996 con África no sólo ha madurado, sino que proclama con un orgullo casi militante que en este mundo que glorifica la juventud, a ella nada le gusta tanto como sentir que, por fuera y por dentro, ha crecido.


"mi único pánico es no saber poner cuerpo, cara, corazón y voz al personajede un director"
"mis párpados no funcionan igual. es difícil explicar qué sientes cuando sólo lloras por un ojo"
"soy fuerte porque no queda otra. aprendes a actuar sin destrozarte por dentro
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Agustín Díaz Yanes, que la ha dirigido en Sin noticias de Dios, Alatriste y Sólo quiero caminar, comparó una vez el idilio con la cámara de Elena Anaya con el de Victoria Abril. "La cámara saca cosas de ella que uno no alcanza a ver en la realidad", apunta el director. "Es una mujer muy interesante, con esa mirada tan especial, esos ojos tan bonitos y tan raros. Su fuerza está en ellos. Puede parecer la más bondadosa o la más turbadora y criminal".
Elena Anaya se crió en Palencia, donde nació en julio de 1975. Una malformación provocada por el fórceps que utilizaron en su parto (que hirió el sistema nervioso simpático) provocó que un ojo fuera verde y el otro marrón. "No, como David Bowie no", corrige ella. "Los míos son como los de Rossy de Palma, que me gusta más".
Se pasó la infancia con un parche en el ojo y subida a un árbol. A la pequeña de tres hermanos siempre le gustó jugar sola. "Llevaba uno de eso parches color carne muy feos, pero mi madre se las ingeniaba para que fueran los parches más bonitos del mundo, me los decoraba con telas y colores. Era increíble. Mi madre me contó que había nacido sin un ojo y que me habían puesto el de otra persona. Ella no sólo no ponía cortapisas a nuestra imaginación, sino que se las arreglaba para multiplicarla. Yo solía subirme a un cerezo que me fascinaba y no me movía de allí, decía que estaba esperando a los elefantes y mi madre no sólo no se cansaba de mi juego, sino que me llevaba la merienda y me preguntaba: ¿y qué tal los elefantes?".
Hija de un ingeniero industrial -"mi padre ponía postes de la luz en todo el mundo", dice con entusiasmo-, sus padres se separaron cuando ella tenía 12 años. "Pero mi sensación no es la de una familia rota, mis padres siempre se han querido y respetado mucho. Como nosotros les queremos y respetamos mucho a ellos. Mi padre es un hombre muy católico y yo hice la primera comunión, pero cuando llegó la confirmación le dije no y fue que no. Es verdad que le hubiera gustado que yo estudiara una carrera, pero siempre me ha apoyado y ha aceptado sin quejarse lo que yo quería".
¿Y qué quería Elena Anaya? "Seguir jugando, por eso quería ser actriz", responde en una cafetería de Madrid con un tono de melancolía que se aleja del de la eterna actriz-niña a la que nos tenía acostumbrados. Entra en el local cargada de bolsas, viaja a Nueva York a la mañana siguiente y acaba de regresar de Málaga. Todo por trabajo. Desde hace unos meses lleva el pelo muy corto y teñido de rubio como si fuera una replicante de Blade runner. "Jamás he mezclado mi vida profesional con la personal, pero tampoco me he escondido por la calle. Cuanto más te tapas, más te miran. Ponte gafas de sol y una gorra y no te dejarán de mirar".
"Me gusta este lugar", dice al referirse a la cafetería HD, en Madrid, que ha sido rehabilitada conservando todo su sabor de los años cincuenta. "Me recuerda a Nebraska, en la Gran Vía; me encantaban todas esas cafeterías maravillosas que ya han desaparecido. Yo llegué a Madrid con 19 años y desde entonces me independicé y me busqué la vida, siempre me he organizado bien. Y siempre me ha gustado mucho la calle". El lugar tiene un público variado: jóvenes trabajando en su ordenador mientras unos jubilados meriendan o un bebé llora. Pide un Bloody Mary y un sándwich, "de esos con aceite de trufa, por favor".
Testaruda. Ése es otro adjetivo que pega con esta actriz. Se deja aconsejar poco en las decisiones sobre su carrera ("tengo una relación maravillosa con mi agente, y somos un equipo, pero siempre decido yo, siempre") y todavía hoy le hierve la sangre al hablar de sus estudios y de cómo la echaron de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) por faltar a clase. "Entiendo que sean estrictos, pero yo faltaba a clase porque estaba rodando una película. No tiene sentido". "La verdad es que lo pasé mal desde la prueba de ingreso. Un profesor me descalificó diciéndome de mala manera que yo sólo era un germen de actriz. Al escuchar aquello, yo le mantuve la mirada, desafiándole. Todavía recuerdo mi enfado". De la RESAD pasó a la escuela de Juan Carlos Corazza, donde se ha formado todos estos años y donde acude cada vez que necesita entrenamiento.
"Cada vez que entro en crisis vuelvo a la escuela. Un actor es un atleta, y el entrenamiento es fundamental para nuestro músculo. Cuando acabo mal después de un rodaje, y me ha ocurrido, con ganas de tirar definitivamente la toalla y dejarlo todo, he vuelto a clase y me he recuperado. La última vez cogimos entre tres un texto de Strindberg y lo trabajamos desde todos los puntos de vista; aquello me reactivó, me hizo volver al origen de este trabajo, a los principios que te hacen actor. Me reconcilié otra vez con lo que hago. Es como un concertista o un deportista, es volver a poner tu cuerpo a punto, volver a lo básico, a los detalles. La expresión es sanadora, movilizar lo que tienes dentro te ayuda a atajar problemas, los coges de la mano y los ahuyentas".
Elena Anaya habla de actores que admira porque son "virtuosos en el laboratorio" y luego habla de la importancia de la propia experiencia. "Te da recursos expresivos, sabes mejor de lo que hablas, es más fácil entender lo que es estar destruida o apasionada por algo".
Anaya estrenará el próximo enero Hierro, la película del madrileño Gabe Ibáñez sobre una madre soltera que pierde a su hijo y que se niega a "aceptar lo inaceptable". En febrero está previsto el estreno de Habitación en Roma, su segundo filme con Julio Medem, tras Lucía y el sexo, que narra el encuentro sexual de dos mujeres en la capital de Italia. "Es la historia de una mujer en crisis, que sale a tomar una copa después de la presentación de un trabajo y acaba en la cama con una rusa. En lugar de una noche de sexo y risas, acaba enamorada". Luego seguirán Enemigo público nº 1, la película francesa en la que interpreta a la primera mujer del criminal Jacques Mesrine, interpretado por Vincent Cassel. Y finalmente, Cairo Time, filme canadiense dirigido por Ruba Nadda y protagonizado por Patricia Clarkson; "es un papel pequeño, pero todos los trabajos son importantes para mí", asegura la actriz, que en 2004 dio el salto a Hollywood con Van Helsin, un filme de vampiros protagonizado por Hugh Jackman que pasó sin pena ni gloria.
"Nunca he sentido: ésta es la mía; ni siquiera lo pensé cuando me eligieron para África o para Familia. Siempre pensaba que era la primera y la última, y de alguna manera me sigue pasando. No es miedo al fracaso, mi único pánico es no cumplir las expectativas de un director, no saber poner cuerpo, cara, corazón y voz a su personaje. Las críticas me pueden halagar o hundir, pero no me dan miedo. Mi único miedo es no estar a la altura durante el rodaje. Lo que ocurra después es otro asunto".
"Hierro' es un drama pero la disfruté mucho", dice en referencia a la ópera prima de Gabe Ibáñez que fue presentada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y por la que ganó el premio a la mejor actriz en Sitges. El rodaje de Hierro prácticamente empalmó con el de Habitación en Roma: "Ha sido uno de los rodajes más difíciles de mi vida, con un enorme desgaste físico y emocional. Estar desnuda durante casi toda la película es complicado siempre, aunque el equipo te arrope y cuide. Al final, quitarse las bragas es siempre quitarse las bragas, y una actriz no posa, se entrega a lo que hace y ya está. Ha sido un viaje, uno de esos viajes que como actriz te llevan a lugares que no conocías. Al final, lo importante es cuidarte a ti misma, ser coherente contigo y con tu desnudo. A lo mejor a tu lado está una actriz más potente, pero tú eres así, con tus pelos y tu tamaño. A todas nos gusta salir guapas, pero cuando actúas no puedes pensar en eso".
"Yo soy fuerte porque no me queda otra", asegura la actriz. "Necesito ser fuerte, pero soy de esas personas que se vienen abajo y se hacen vulnerables en un segundo. Me voy de un lado a otro con mucha facilidad. Al principio me quedaba muy tocada con los trabajos. Luego te acostumbras y de igual manera que aprendes a cantar sin destrozarte la voz aprendes a actuar sin destrozarte por dentro. Pero antes era de las que llegaban a casa y se ponían a llorar sin poder parar, y me asustaba. Ahora lo separo de mi vida, ocupo una personalidad que no es la mía y sigo adelante, aunque a estas alturas sé que todo lo que he interpretado forma parte de mí, de mi pasado y de mi historia, de mi expresión como actriz y como mujer. Soy todo lo que he vivido o todo lo que he creído vivir". Elena Anaya se despide con tiempo para preparar la maleta. Es verdad que cuando mira puede parecer la chica más alegre del mundo y también la más triste. "Y si estoy cansada o he bebido algo, se me cierra un ojo y no hay manera de abrirlo. Los párpados no funcionan igual. Supongo que es difícil explicar qué sientes cuando sólo lloras por un ojo. Yo no tengo una explicación. Sólo es así".


ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS 20/12/2009

martes, 17 de noviembre de 2009

Claudia Cardinale.




Sus enigmáticos y profundos ojos negros, sus rasgos cálidos y belleza mediterránea la convirtieron en mito erótico de los 60, pero ella lo supo alternar con interpretaciones de prestigio como en sus tres películas a las órdenes de Lucchino Visconti: Rocco y sus hermanos (1960), El gatopardo (1962) y Confidencias (1974)



Las puertas del cine se abrieron para ella como para otras grandes divas italianas tras un concurso de belleza. Salió de su tierra, Túnez, rumbo a Italia en 1956 sin saber nada de italiano y sin ninguna experiencia como actriz. Pero no se conformó con ser solamente una cara bonita y un cuerpo escultural, y estudió interpretación en el prestigioso Centro Sperimentale di Roma.

En 1958 su papel como la hermana siciliana encerrada en Rufufú, la portentosa comedia de Mario Monicelli, le dió notoriedad pública y dejó bien claras sus bazas: un rostro moreno, racial, un cuerpo turbador y una voz grave. Tras La muchacha de la maleta (Valerio Zurlini,1961) se mantiene en la primera línea del cine italiano. Además de sus trabajos para Lucchino Visconti fue la esencia misma de los sueños de Mastroianni / Fellini en Ocho y medio (1963).







Hoy Claudia Cardinale a sus 71 años conserva una desbordante vitalidad y dice no sentir nostalgia de su pasado. Su próximo proyecto la unirá al director italiano Gianni Amelio en El primer hombre, sobre la vida del escritor francés Albert Camus.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Mónica Bellucci. Un verano de mujer.



Siguiendo el prototipo marcado por sus opulentas compatriotas de otras épocas, Mónica Bellucci representa la típica belleza mediterránea, de sinuosas curvas y larga cabellera morena, mujer seductora, envidiada y temida a la vez.






Cuando la agencia Elite la contrató para comenzar su carrera de modelo, perdimos a la que hubiera sido la abogada más bella del mundo. Dejó sus estudios de Derecho en la Universidad de Perugia y se trasladó a Milán, la capital italiana de la moda.







El majestuoso porte de la Bellucci, su 1'70 de estatura y sus medidas casi perfectas (89-60-89), le han servido para interpretar papeles míticos y fantásticos, de reinas de leyenda, de cuentos de hadas, bíblicas, futuristas...
Coppola la convirtió en una de las voluptuosas concubinas de Drácula. Ha sido una seductora mantis futurista en el final de la saga Matrix y ha dado cuerpo a mitos históricos como María Magdalena y Cleopatra.




En 1996 conoce al que será su marido Vincent Cassel trabajando en la película El apartamento. Tres años después se casa con él. Con este film recibe sus mejores críticas y una nominación a los premios César franceses. Con Cassel vuelve a trabajar en películas como Dobermann, El pacto de los lobos, Irreversible y Agentes secretos.
Con Malena (2000), Giuseppe Tornatore le proporciona un papel hecho a medida, que le supone un gran éxito internacional. Con retraso nos llega a nuestro país Napoleón y yo (2006) y tenemos todavía sin estreno Las vidas privadas de Pippa Lee.
Mónica Bellucci es una actriz sin suerte. Su rotundo físico ha condicionado su carrera cinematográfica hasta el punto de encasillarla en cierta clase de papeles que no dejan ver el talento de la italiana. De momento no ha conseguido esa interbretación por la que se la reconozca más allá de su explosivo cuerpo. Ella está en ello. Tiempo al tiempo. En este caso podríamos decir aquello de que las curvas no dejan ver el bosque.