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jueves, 25 de noviembre de 2010

The Grandmasters, lo próximo de Wong Kar-wai.


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Quien haya visto "Ashes of time" sabrá que Wong Kar Wai es algo más que un director de melodramas ultrapoéticos. Las artes marciales son otra de las prioridades del creador de "Happy together" y a ellas ha vuelto a su biopic sobre Bruce Lee. Sí, así es. Wong Kar Wai ha dirigido un particular biopic sobre Bruce Lee cuyo título definitivo es "The Grandmasters" y sus definitivos posters internacionales también están ya listos...
"The Grandmasters" se desarrolla en la década de los 50, unos años en los que Bruce Lee aprendió la gran mayoría de sus técnicas de la mano de un maestro del karate que estará encarnado por uno de los actores fetiches de Wong Kar Wai, se trata de Tony Leung ("In the mood for love" y "Happy together"). El papel de Bruce Lee ha ido a parar a Chen Chang ("Tigre y dragón", "Red Cliff" y "2046"). El trío de grandes actores lo completa Zhang Ziyi ("Memorias de una Geisha").
Un biopic que empezó a idearse hace unos cuantos años y que entre otros imprevistos sufrió uno clave en el 2004, justo antes de comenzar su rodaje. Su musa principal, Tony Leung, sufrió un aparatoso accidente esquiando que le mantuvo fuera de circulación seis meses. Contra viento y marea este mismo año se puso de nuevo el proyecto en marcha encontrando, como no, nuevas dificultades. Los escándalos de Zhang Ziyi, el mal tiempo en Guangdong (donde se rueda la película), y una nueva lesión de Leung mientras entrenaba para el papel parecía complicarlo todo aún más si cabe...sin embargo, el que parecia el proyecto maldito de Wong Kar Wai cada vez esta mas cerca de ver la luz. Comienza a promocionarse y ya lo hace con nuevos y definitivos posters internacionales.
La película se espera para el Festival de Cannes 2011....¿Llegará?
Joan Sala (filmin)
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sábado, 13 de marzo de 2010

Chunking Express (Wong Kar-wai, 1994)







1ª parte. 57 horas después me enamoré de esta mujer.
Policía nº 223.


Ritmo, camara rápida, ralentí.
Latas de piña que caducan el 1 de Mayo.
Su novia se llama May y no le llama.
Femme fatale de peluca rubia, gafas oscuras y gabardina.
Reggae en la jukebox.
Correr mucho para sudar y no quedar agua en el cuerpo para derramar lágrimas.






2ª parte. Seis horas después se enamoró de otro hombre.

Policía nº 663.


"California dreamin", Mamas & The Papas.
Absurdo romanticismo arrebatador.
Ensalada Midnight Express para la novia azafata.
Faye, la chica del pelo corto, juega, con un avión, a cambiar los recuerdos.
Hablar a los objetos para aplacar la soledad.


¿Dónde quieres ir?
A donde tú quieras llevarme.


FIN.



Chunking express.

El desamor, el amor imposible.

Wong Kar-Wai.



martes, 20 de octubre de 2009

El amor y las latas de piña.




(Chungking Express, Wong Kar-wai, 1994)


  • Takeshi Kaneshiro: No la creí cuando dijo que íbamos a terminar, el dia de los Inocentes. Dejé que la broma durara un mes. Dede entonces, todos los días compro una lata de piña que caduca el 1 de Mayo. Porque a May le encanta la piña. El 1 de Mayo también es mi cumpleaños. Si May no cambia de opinión tras haber comprado 30 latas ... nuestro amor caducará también.

viernes, 26 de diciembre de 2008

My Blueberry Nights (Wong Kar-Wai, 2007)



Wong Kar-Wai rueda su primer film en los USA y su universo sigue estando ahí. No varía en cuanto a la forma y el contenido. Esta ahí su característico look visual, está esa forma tan maravillosa de utilizar las canciones. El cine es un lenguaje universal y poco importa donde se ruede o en qué idioma, la época o la nacionalidad de los actores, cuando detrás de la cámara hay un cineasta con talento y personalidad, con algo interesante que contar mediante una puesta en escena característica, original y única.

My Blueberry Nights nos habla de las distancias físicas y afectivas que separan a los seres humanos, de la precaria deriva sentimental en la que vivimos, de como nos aferramos, de manera muchas veces inconsciente, a los sentimientos vividos. En una película con muchas palabras esos sentimientos pueden llegar a a expresarse mejor con el gesto, con el silencio o con la mirada. En este relato de corazones rotos y encuentros, de neones y garitos nocturnos, de casinos y bares de carretera, Wong Kar-Wai extiende su paleta de recursos cinematográficos para decirnos algo sobre la fragilidad de los afectos, las heridas del corazón que todas las personas intentamos cicatrizar buscando siempre algo o a alguien, o a veces quedándonos con meros sucedáneos del amor.

El director de Hong-Kong filma a sus personajes de manera esquinada, casi siempre con objetos entre ellos y una cámara inquieta y sensual en su permanente movimiento -p. e. Jeremy y Elizabeth vistos a través de las cristaleras de la cafetería-. Los planos se estrechan sobre los rostros intentando capturar el gesto que delate aquello que no se dice. La imagen ralentizada, marca de la casa, se acompaña de canciones -mucho blues y soul-. Mientras el director buscaba localizaciones por EE.UU. sonaba mucho en su coche el disco de Cat Power "The Greatest", cuyas canciones dice, le ayudaron a concretar la forma de filmar las secuencias en New York. La cantante aporta una preciosa canción que se escucha dos veces en la película, y un pequeño pero intenso papel, el de Katya, un personaje que mantuvo una relación con el de Jude Law, propietario de la cafetería.



La estructura circular del film tiene al personaje de Elizabeth (dulce Norah Jones) como eje vertebrador del relato, quien tras una ruptura amorosa se encuentra con Jeremy (Jude Law, otro corazón partío) en su cafetería, y le hace su confidente. Surge así entre ellos una relación muy especial. Luego este personaje desaparece, pero está presente a través de las cartas que le escribe Elizabeth. Ella llega hasta Memphis para trabajar y allí los papeles se invierten, ahora ella es la camarera y la que observa y trata de acercarse emocionalmente a Arnie (extraordinario David Strathairn) abandonado por su esposa Sue Lynne (Rachel Weisz cuya entrada en el bar de copas está filmada con la misma fuerza y magnetismo que las apariciones por los pasillos de Maggie Cheung en In the Mood for Love). **En esta historia me vino a la mente Paris, Texas, otro relato de derivas afectivas filmada en EE.UU por un cineasta extranjero, el alemán Wim Wenders. Puede que a ello contribuyera el que el dueño del local se llamara Travis, como el personaje de Harry Dean Stanton en la película de Wenders**. Estas dos primeras historias transcurren en Nueva York y en Memphis pero a Wong Kar-Wai no le interesa mostrar los socorridos planos turísticos de calles o lugares. Aquí el paisaje urbano se relega a un absoluto fuera de campo. En el trayecto a Las Vegas sí aparecen los planos de carreteras solitarias, peladas montañas y cielos azules que tantas veces hemos visto en el cine.
La tercera historia con el personaje de Norah Jones trabajando en un casino arranca con la partida de cartas del personaje de Natalie Portman, filmada de manera algo tópica, para abrirse más adelante con el viaje en coche de las dos mujeres -una pequeña road movie- rompiendo así el hasta entonces tono nocturno y cerrado de los escenarios en interiores.
La película empieza en la cafetería de Jeremy en New York y es allí donde termina regresando el relato y con él, el periplo de Elizabeth, para cerrar sobre sí misma estas Blueberry Nights y ofrecer a sus personajes un asidero al que agarrarse una vez cicatrizada la herida.

jueves, 20 de noviembre de 2008

In the Mood for Love. Deseando amar (Wong Kar-Wai, 2000)


Película sencilla y artificiosa, arrebatadora, deslumbrante, tremendamente cool, fascinante, melancólica, glamourosa, elegante, efímera y permanente, clásica y atemporal, estilizada, romántica, primorosa, susurrante, sensual, barroca y evanescente, ... en la que Wong Kar-Wai alcanza la cima de su talento y consigue una auténtica lección de estilo y escritura cinematográfica, de planificación y puesta en escena y, en fin, de una mirada propia para contar una historia con todos los elementos a su alcance. Un film que se expresa de manera apenas susurrada, pero en cuyo interior bulle una pasión que confirma a su realizador como un lúcido cronista, lírico y romántico, del desamor y la incomunicación en el ir y venir cotidiano del universo urbano.

Chow (Tony Leung) trabaja en un periódico. Su Lizhen (Maggie Cheung) está empleada en una oficina. Ambos están casados y ocupan apartamentos contiguos en una estrecha pensión del Hong-Kong de 1962. Al principio se tratan con cordial frialdad, pero cuando descubren que sus respectivas parejas son amantes, se inicia entre ellos una tímida complicidad que desemboca en deseo. Deseo que traduce Kar-Wai no a través de las palabras de los personajes, sino mediante lo puramente visual - ralentís que subrayan miradas, roces, gestos, insertos de objetos que cobran sentido- y de la música - las canciones de Nat King Cole perfectamente integradas y las variantes del precioso tema principal compuesto por Shigeru Umebayashi, "Yumaji's Theme",- que alcanza el status de tercer personaje, como si arropara al hombre y a la mujer en su ir y venir entre estrechos pasillos y calles lluviosas.

Deseo meláncolico que intentan reprimir Chow y Su Lizhen porque ceder a su impulso significaría "ser como ellos", los otros, los adúlteros, los esposos, personajes que bien poco le importan al director, que los mantiene siempre fuera de campo. Le interesa la perspectiva de los engañados, sus angustias y sus vacilaciones, su intento de afrontar con forzada naturalidad la situación. Una atracción amorosa vivida por Chow y Su como un peso perturbador sobre sus conciencias, que es sublimado entre paseos y encuentros en habitaciones por una pareja que teme ser adúltera y que es víctima de las contradicciones de su propio deseo.


Deseando amar aparece esplendorosa ante nuestros ojos como un puzzle en el que faltan piezas y que nos pide en cada momento que dibujemos esas piezas invisibles. El asombroso trabajo de puesta en escena de Wong Kar-Wai, y de Christopher Doyle - su fiel director de fotografía - forma parte indisoluble de la propia historia narrada. Los encuadres y reencuadres confinan a los personajes en un espacio vital angosto del que parecen prisioneros, entre marcos de puertas, cortinas y espejos que los reflejan o difuminan sus contornos. El uso de la slow motion nos revela gestos de cortesía que duran más de lo habitual, miradas huidizas, manos que se rozan como por azar, y la utilización repetitiva de la música nos introduce en un pequeño universo de rutinas del que es difícil escapar.


Wong Kar-Wai elude a propósito la escena crucial -¿hay o no relación sexual?- , aunque realmente se rodó la escena, que finalmente, con buen criterio, fue eliminada del montaje final. Con la elegancia de la elipsis, el plano de unas zapatillas rosas bajo una cama queda en nuestra retina para que a partir de ahí seamos copartícipes de la película y utilicemos el músculo más erógeno, la imaginación. Y el arte de Wong Kar-Wai revela que la maestría no está en la exhibición ostentosa sino en la sutilidad de lo que se elude al ojo que mira.

Deseando amar, es también, un film-manifiesto de amor hacia dos actores, Tony Leung y Maggie Cheung, habituales en el cine del director hongkonés, que llenan la pantalla del significado de esa imprecisa palabra inglesa tan mal utilizada ... COOL.