
.








Diseñador de títulos de crédito, trailers, carteles y logotipos, fue Saul Bass un creador con un estilo propio e intransferible, posteriormente mil veces imitado, que hizo que los títulos de una película o de un cartel pudieran ser considerados obras de arte.
Sus primeros trabajos cinematográficos consistieron en la realización de carteles de películas. En una época en la que la norma era que en los carteles aparecieran siempre los rostros o los cuerpos de los actores, Bass innovó con sus diseños abstractos basados en líneas simples en los que el cartel cinematográfico pasaba a ser una nueva forma de expresión artística. En los años 50 crea la Saul Bass & Associates, una empresa publicitaria con la que marcará un hito en el diseño de los títulos de crédito en el cine. En esa pequeñas obras de arte que son las secuencias de títulos de Bass es sugerir un mensaje con un mínimo de medios expresivos. Esas secuencias de créditos tienen relación con la propia película, se integran en la trama, son como una pequeña narración que nos introduce en la historia. En sus doce colaboraciones con Otto Preminger dió a esas películas una unidad de la que en realidad carecían. Las partituras jazzisticas de Duke Ellington para Anatomía de un asesinato y de Elmer Bernstein para El hombre del brazo de oro se fundían a la perfección con sus estilizados diseños. Para Hitchcock hizo los títulos de crédito de Vértigo, Con la muerte en los talones y Psicosis. En esta última diseñó el storyboard de la famosa escena de la ducha, incluso corrió el rumor de que la había dirigido él personalmente, cosa que don Alfred siempre negó. Mark Robson, William Wyler, Stanley Kramer, Martin Ritt, Stanley Kubrick, Robert Wise son otros tantos directores con los que Saul Bass colaboró en la elaboración de los títulos.

El espíritu aventurero del parisino Raoul Coutard le lleva a alistarse en el ejército francés para luchar contra los japoneses en el Pacífico con apenas 20 años. Su experiencia bélica marcará indefectiblemente su vida. De hecho vivirá 11 años en la colonia francesa que luego se convertirá en Vietnam, tras abandonar el ejército. Allí consigue un trabajo como fotógrafo para París Match, Life y otras revistas. En sus primeras experiencias con una cámara le influyen enormemente el trabajo de los nuevos fotógrafos de la agencia Magnum, sobre todo Ernst Haas al que llegó a conocer cuando éste visita Saigón.
Cuando llega a la treintena decide que es hora de acabar con su sueño asiático y buscar un reto nuevo. Retorna a Francia y allí realiza lo que él mismo reconoce como "fotos horribles" para prensa, así como fotos para fotonovelas, lo que según Coutard "es un poco como rodar, ya que implica un montaje al fraccionar en fotos las escenas". En aquella época sus intereses están en el reportaje periodístico pero el destino le una a Pierre Schoendoerffer, un amigo de los tiempos de Vietnam que realiza largometrajes documentales, con el que trabaja como cameraman. El debut en el cine le llega cuando el productor Georges de Beauregard le propone ser el director de fotografía de un debutante, un tal Jean-Luc Godard y A bout de souffle. Con él establecería Coutard una fructífera colaboración que dará sus frutos con una serie de títulos como Une femme est une femme (1961), Vivre sa vie (1962), Le mèpris (1963), Les carabiniers (1963), Bande à part (1964), Pierrot le fou (1965), Deux ou troi choses que je sais d'elle (1966), La chinoise (1967), Weekend (1967), Prenom: Carmen(1983). El rodaje de A bout de souffle supuso en su momento toda una innovación. Nadie se había propuesto hasta entonces rodar toda una película cámara en mano y sin ayudarse de la iluminación artificial, utilizando sólo luz natural. La idea era lograr una fotografía más realista. A bout de souffle se rodó cronológicamente tal y como aparece en el film acabado. Godard escribía cada noche el guión de rodaje del día siguiente. El estilo radical de la película se nos presenta totalmente actual más de 40 años después de haberse filmado. Raoul Coutard experimentó nuevos métodos para acompañar las innovaciones formales de Godard en la puesta en escena. El estilo espontáneo, y en cierta manera caótico, del director franco-suizo vino como anillo al dedo para que Coutard ensayase nuevas formas, sabiendo que si el resultado no valía la pena se volvería a rodar. En Alphaville, mezcla de ciencia ficción y policíaco, utilizó una textura de fotografía granulosa. En Les carabiniers aumentó el contraste en el revelado y utizó al positivar una película de alto contraste que normalmente se utilizaba en las secuencias de títulos.
Además de introducir la cámara en mano en el cine francés, Raoul Coutard reinventó el movimiento de la dolly. Fue director de fotografía para Truffaut en cuatro películas: Tirad sobre el pianista (1960), Jules et Jim (1961), La piel suave (1964) y La novia vestía de negro (1967). Conforme los directores de la Nouvelle Vague fueron madurando sus propuestas, con más tiempo de rodaje y mayores presupuestos, aumentó la importancia de imágenes más elaboradas. Ello permite a Raoul Coutard un mayor nivel de sofisticación en su forma de iluminar, algo más en consonancia con sus gustos personales. En Lola (1961), opera prima de Jacques Demy, mezcla su propio estilo de iluminación de los techos con una luz más directa. En 1965 retorna a sus inicios con el cine documental en la zona de Indochina con Schoendoerffer, en The 317th Section rodada en la neutral Camboya en los duros tiempos de la guerra de Vietnam. Con el director griego Costa Gavras compone una fotografía de iluminación expresionista en dos films: el thriller político Z (1969) y muy especialmente en La confesión (1970) película en la que trabaja las penumbras.
Con una filmografía de más de 80 películas -tres de ellas como director- hay una constante que se repite en todas ellas, en palabras del propio Raoul Coutard: "Siempre he sentido que cuando decides hacer un film ha de ser como una historia de amor. Tienes que querer al director, al guión, y tener mucho en común con el equipo. El film sólo funciona si es una historia de amor. Si no lo es, no te molestes en hacerlo. Y no es que esto quiera decir que el film va a ser bueno. Las historias de amor no siempre son felices"

Al igual que Val Lewton, Mark Hellinger fue uno de esos productores del periodo clásico, con cierta conciencia de autor, que, como aquel en el género fantástico creó un equipo de colaboradores con el que produjo una serie de títulos que supondrían una renovación tanto formal como temática en el cine negro a principios de la década de los 40.
Nacido en Nueva York el 21 de Marzo de 1903, trabajó, como Sam Fuller, de reportero, y de ahí le vino esa visión directa y realista de lo que sucedía en la calle que aplicó en sus producciones. A finales de los 30 entró en la Warner Bros. en el departamento de escritores. Un relato suyo fue el origen de The Roaring Twenties (Raoul Walsh, 1939) lo que ayudó a que fuera ascendido a productor asociado, lo que implicaba un seguimiento de todo el proceso de una película. Bajo esa ocupación trabajo en films de Walsh como The Drive by Night (1940), La pasión ciega (1940), El último refugio (1941) y Manpower (1941).
Unos años después creó la Mark Hellinger Productions con la que firmó un contrato de distribución con la Universal y trabajó en el proceso de elaboración de una serie de títulos en los que impuso un acusado naturalismo. Primero fue Forajidos (1946) dirigida por Robert Siodmak basada en el cuento homónimo de Hemingway. El director recordaba años más tarde como Hellinger incorporaba siempre una frase contundente al final de cada secuencia, herencia de su pasado como periodista. El productor encontró después en el director Jules Dassin un alma gemela tras la cámara. Fruto de esta colaboracion son dos películas de marcado realismo que reavivaron el género: Brute Force (1947), una crónica penitenciaria, y La ciudad desnuda (1947), una violenta visión de la gran urbe. Unos meses antes del estreno de esta última, en la que prestaba su voz al relato en off, moría Mark Hellinger en Los Angeles, con sólo 44 años, víctima del alcohol y otros excesos. En aquel momento tenía preparada la producción de El abrazo de la muerte (Robert Siodmak, 1948) y en proceso los proyectos de Act of Violence (Fred Zinneman, 1949) y Llamad a cualquier puerta (Nicholas Ray, 1949).
Richard Brooks, que había colaborado como guionista en Forajidos y La ciudad desnuda, aunque sólo fue acreditado en su trabajo para Brute Force, se inspiró en la personalidad de Mark Hellinger para crear el personaje principal de su tercera novela "The Producer" (1951). Humphrey Bogart, que en 1947 había entrado a formar parte de Mark Hellinger Productions reconvirtió la empresa en la productora independiente Santana en la que permanecería el espíritu social y crítico de Hellinger.



Vladimir Ivan Leventon había nacido en Yalta (Rusia) en 1904. Tras divorciarse de su padre y emigrar a América, su madre cambió el apellido por el de Lewton. Durante dos años estudió periodismo en la Universidad de Columbia y luego se ganó la vida escribiendo artículos en periódicos, relatos breves, poesía. De ahí a publicar sus propias novelas sólo hubo un paso.
David O. Selznick se fijó en él y le ofreció el trabajo de adaptar la novela de Gogol "Taras Bulba" . El proyecto no cuajó, pero Lewton tuvo buena sintonía con Selznick, quien lo contrató como editor de historias, puesto en el que estuvo entre 1934 y 1942. En este último año entró a trabajar en la RKO dirigiendo su unidad de producción de películas de terror bajo la supervisión de Charles Koerner, el jefe de producción de los estudios. Fue idea de Koerner el que el tema de la primera película de Lewton fuese el miedo a los felinos, para lo que ya había elegido un título, La mujer pantera (Cat People). El productor colaboró estrechamente con el director Jacques Tourneur quien se ciñó al escaso presupuesto y aceptó las sugerencias de Lewton, marcando las bases de una poética de la sugerencia en la que la utilización de la puesta en escena, la luz y el sonido, eran vitales para llegar al terror. Sugerir antes que mostrar sería su lema. La mujer pantera se estrenó en 1942 después de 4 semanas de rodaje. Costó 134000 dólares y recaudó más de cuatro millones.
Las otras dos producciones del tándem Lewton-Tourneur se ajustaron a ese mismo modelo, rodajes de menos de un mes, presupuestos no superiores a 150000 dólares y enorme rentabilidad. Yo anduve con un zombie (I walked with a zombie, 1943) partía de un relato que el estudio había adquirido principalmente porque el título les pareció atractivo y comercial. Se trata de una historia de vudú, muertos vivientes, y amores imposibles, un cuento gótico en las Antillas de estilo sosegado y pictórico, poseedor de unaperturbadora poética.
El hombre leopardo (The Leopard Man, 1943) partía de una adaptación de la novela de Cornel Woolrich "Black Alibi" cuya historia poco tenía que ver con el tipo de terror que le interesaba a Val Lewton. Un leopardo escapa de un zoo y provoca varias muertes, pero el verdadero asesino es un hombre.
Del departamento de montaje de la RKO salieron dos directores que continuaron dando excelente rendimiento a la unidad de producción de Val Lewton: Mark Robson, ya familiarizado con su sistema de trabajo, pues había sido el montador de las tres películasde Tourneur, y Robert Wise, que coincidió en la mesa de montaje con Mark Robson en "Ciudadano Kane" y "El cuarto mandamiento". La séptima víctima (The Seven Victim, 1943) dirigida por Mark Robson es la película más personal de Lewton, una historia terrorífica sobre cultos satánicos en el Nueva York contemporáneo cuyo protagonista es un poeta del Greenwich Village de orígenes literarios similares a los del propio Lewton. En La maldición de la mujer pantera (The curse of the Cat People, 1944) de Robert Wise, Val Lewton se implicó a fondo, y partía con la ventaja del éxito de su antecesora, pero una lectura psicoanalítica impuesta por el propio productor diluía el potencial misterioso de la historia. Ni el público ni el estudio supieron apreciar este trabajo. Lewton acudió a una adaptación literaria en su siguiente proyecto, El ladrón de cuerpos (The Body Snatchers, 1945) con la dirección de Robert Wise, según el relato de Robert Louis Stevenson, en la que incluso escribió el guión bajo seudónimo (Carlos Keith). Protagonizada por dos iconos del género, Boris Karloff y Bela Lugosi, es una muestra prototípica del modo de hacer de Val Lewton, con su característico look visual, esa atmósfera opresiva fruto de la contrastada fotografía en blanco y negro (Robert De Grasse) y a los decorados de Albert D'Agostino y Walter E. Keller.
La isla de los muertos (Isle of the Dead, 1945) -dirigida por Mark Robson- acontece en 1912 durante las guerras balcánicas en el escenario de una isla en la que varios personajes quedan bloqueados al extenderse un brote de peste. La película -inspirada por el cuadro Isle of the Dead de Arnols Böcklin- adopta unas tonalidades fúnebres, de inquietantes claroscuros y atmósfera claustrofóbica, tenebrista, aunque se echa en falta un toque más personal, presente en los films de Lewton con Tourneur.

Como la anterior Bedlam (Mark Robson, 1946) está protagonizada por Boris Karloff, aquí como el sádico director de un manicomio en el Londres de 1761. La última de las películas de terror de Lewton para la RKO es un film claustrofóbico y a la vez muy pictòrico, ya que la historia se inspira en el cusdro del mismo título de William Hogarth y en los cambios entre secuencias aparecen planos de varios cuadros y grabados de la época.
Al finalizar la 2ª Guerra Mundial el tipo de cine que representaba Val Lewton ya no era del agrado del público. La gente prefería westerns o musicales de temáticas más ligeras y alegres. Además apareció la tendencia a rodar fuera e estudi, en escenarios naturales, buscando mayor realismo.. A la muerte de Charles Koerner, Val Lewton dejó la RKO para fichar por Paramount donde produjo My Own True Love (Compton Bennett, 1949) que pasó sin pena ni gloria. Luego firmó con la MGM con la que trabajó en Please, Believe me (Norman Taurog, 1950) insulsa comedia al servicio de Deborah Kerr que supuso un fracaso en taquilla. Para la Universal produjo en Technicolor el western Apache Drums (Hugo Fregonese). Era 1951 y ese año fue el de su muerte, después de haber sufrido dos infartos. Tenía sólo 46 años.