
jueves, 7 de mayo de 2009
Sterling Hayden, el marinero que se hizo actor.

miércoles, 6 de mayo de 2009
Tú, yo y todos los demás (Miranda July, 2005)

--- Miranda July: Hola, ¿tienes pegamento?
--- John Hawkes: Tenemos pegamento para zapatos.
--- Miranda July: Podría servir.
--- John Hawkes: Hay que tenerlo apretado uno o dos minutos.
--- Miranda July: ¿Cómo va la separación? ¿o era temporal?, ¿o momentánea?
--- John Hawkes: No, estamos separados. Pero tenemos dos críos.
--- Miranda July: ¿De qué edad?
--- John Hawkes: Esto es un manicomio. Es por las rebajas.
--- Miranda July: Vete si tienes que irte ... ¿cómo te hiciste eso?
--- John Hawkes: Pues ... ¿la versión larga o la corta?
--- Miranda July: La larga.
--- John Hawkes: Intenté salvar mi vida y no funcionó.
--- Miranda July: ¿Cómo es la corta?
--- John Hawkes: Me quemé.
--- Miranda July: ¿Cuando te quitan eso?
--- John Hawkes: No lo sé. Cuando deje de doler.
--- Miranda July: Dejémoslo otros 15 segundos.
--- John Hawkes: ¿Quieres sentarte?, conmigo ... un día ..., a tomar café.
--- Miranda July: Sí.
lunes, 4 de mayo de 2009
Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001)

Nada hacía presagiar siguiendo la trayectoria del director mejicano Alfonso Cuarón (México D.F., 1961) que su cuarta película fuera una propuesta tan interesante como libre y personal. Tras una ópera prima, Sólo con tu pareja (1991), en la que firma el guión junto a su hermano Carlos, que consigue un importante éxito comercial en México, el cineasta se traslada al país vecino del Norte tras escuchar los cantos de sirena de Hollywood. Allí dirige La princesita (1995) y Grandes esperanzas (1998), impersonales muestras de cine mainstream. Después de Y tu mamá también se pone a los mandos de uno de los capítulos de la franquicia Harry Potter (Harry Potter y el prisionero de Azkabán, 2004), y de ahí pasa a la muy interesante Hijos de los hombres (2006), una parábola política basada en el libro de la escritora inglesa P.D. James de hondo calado intelectual y potente ritmo narrativo. Ciertamente irregular y un tanto extraña la filmografía de Alfonso Cuarón, pero que cuenta con dos películas importantes como son Y tu mamá también y Hijos de los hombres.
Y tu mamá también es la pelicula más personal de su director. En ella se involucra en la producción y firma a cuatro manos el guión con su hermano Carlos Cuarón como ya hiciera en su ópera prima. La acción del film comienza en México D. F. para adoptar después el formato road movie -un viaje iniciático y liberador hacia un paraíso incierto o una huida hacia adelante- acompañando a tres personajes (Gael García Bernal, Diego Luna y Maribel Verdú), un trío sentimental a través del cual la película nos habla -sin alzar la voz y sin ningún atisbo de trascendencia- de temas como el paso de la adolescencia a la madurez, la búsqueda de la identidad, la ilusión de encontrar algo parecido a la libertad, la fragilidad de los primeros amores, la crítica al machismo cotidiano incrustado en una sociedad, el sexo como elemento liberador y motor de la conducta.

Y tu mamá también viaja en tres planos narrativos, a la vez distintos y complementarios. Por un lado tenemos el argumento, el contenido de la película, ese viaje en busca de una idílica playa, aparentemente inexistente, llamada Boca del Cielo, que emprenden dos jóvenes amigos (Julio y Tenoch) a punto de dejar la adolescencia, y una mujer (Luisa) casada con un primo de ellos. Los objetivos del viaje son claros: para los chicos, una posible aventura sexual, para ella, la huida de su vida anterior. El viaje nos irá desvelando secretos y como en toda road movie que se precie nada volverá a ser igual para Julio, Tenoch y Luisa.
En un segundo plano aparece una omnipresente voz en off (Daniel Giménez Cacho)que va puntuando constantemente la acción. Una voz que interrumpe a veces, otras aporta datos, en ocasiones adelanta acontecimientos, siempre utilizando un tono irónico y a la vez comprensivo hacia los tres personajes principales. ¡Todo un hallazgo!.
Un tercer plano vendría a ser esa realidad de un país que se va filtrando levemente a través de breves pinceladas, de imágenes que vemos como las ven los tres viajeros desde las ventanillas del coche, a veces con curiosidad, otras con indiferencia, y que nos dejan una muestra de una sociedad en la que policías y militares son omnipresentes, donde la pobreza y la resignación campan a sus anchas, un país de tremendos contrastes.
Una divertida y amarga película, estupendamente interpretada por el trío protagonista (Gael García Bernal y Diego Luna ganaron el premio Marcello Mastroianni en el Festival de Venecia) que propone una visión sarcástica de una clase social acomodada y de toda una serie de miserias morales reconocibles, y que constituye una disección de la amistad y de los miedos a la homosexualidad propios del machismo más ancestral.
miércoles, 29 de abril de 2009
La música del azar: "The Greatest", Cat Power.
Chan Marshall, alias Cat Power, hija de Atlanta, frágil, huraña, neurótica, salvaje ...
La cantautora de los vaqueros ajados se enfunda el traje de lentejuelas y deja que el sol acaricie sus mejillas. "The Greatest" es una soberbia canción, una solemne letanía con unos preciosos arreglos de cuerda y un emotivo piano arropando la sedosa voz de Chan Marshall, respaldada por un grupo de veteranos músicos de soul sureño.
En My Blueberry Nights la canción luce radiante, unida a las magnéticas imagenes filmadas por Wong Kar-Wai. El director de Hong Kong escuchaba en el coche el disco de Cat Power mientras buscaba localizaciones en los Estados Unidos, y reconoce que le sirvió de inspiración para su película. Desde entonces tuvo claro que "The Greatest" tenía que aparecer en My Blueberry Nights (y lo hace por partida doble). Incluso le dió a Chan Marshall un pequeño papel como la ex novia rusa del personaje encarnado por Jude Law.
THE GREATEST
Once I wanted to be the greatest
No wind or waterfall could stall me
And then came the rush of the flood
Stars at night turned deep to dust
Melt me down
Into big black armour
Leave no trace
Of grace
Just in your honor
Lower me down
To culprit south
Make ‘em wash
A space in town
For the lead and the dregs of my bed
I’ve been sleeping
Lower me down
Pin me in
Secure the grounds
For the later parade
Once I wanted to be the greatest
Two fists of solid rock
With brains that could explainAny feeling
Lower me down
Pin me in
Secure the grounds
For the lead and the dregs of my bed
I’ve been sleeping
For the later parade
Once I wanted to be the greatest
No wind or waterfall could stall me
And then came the rush of the flood
Stars of night turned deep to dust
domingo, 26 de abril de 2009
Silvana Mangano.

El mito erótico de Silvana Mangano nace y se alimenta a partir de dos imágenes cargadas de alto voltaje sexual. La primera es la de una joven con los pies sumergidos en el agua de los arrozales, vestida con pantalon corto y medias negras en Arroz amargo (Giuseppe de Santis, 1949). Sus gloriosos muslos de recolectora de arroz encendieron los ánimos de sus coetáneos y la catapultaron hacia el reducido grupo de las sex symbols italianas, las maggioratas entradas en carnes, de sexualidad desbordante y un punto maternal. La segunda imagen de Silvana Mangano es el bayón memorable que se marca en Ana (Alberto Lattuada, 1951), cuando su personaje todavía era una mujer de vida alegre, antes de cometer el fatal desliz de meterse a monja.
Su papel en Arroz amargo le supuso a Silvana Mangano la inclusión en el grupo de actrices italianas cotizadas del momento, por más que esta ocasión le llegara, como ocurre muchas veces, por azar: Al casting llegó una multitud de chicas deseosas de trabajar en el cine, pero no seleccionamos a ninguna. Ni siquiera a Silvana Mangano, que se presentó con el pelo cardado, vestida de manera llamativa y muy maquillada. No la elegí, no la consideré apta. El tiempo pasaba y seguíamos sin actriz principal hasta que un día de lluvia, paseando por Vía Veneto, me encontré en la esquina de un palacio a una muchacha con una rosa en la mano, vestida con simpleza, en absoluto maquillada y con el pelo mojado. Era Silvana Mangano pero completamente distinta. Le hicimos unas pruebas y se convirtió en la protagonista de Arroz amargo. (Giuseppe de Santis)


Nacida en Roma en 1930, hija de un siciliano y una inglesa, fue Miss Roma en 1946 y debutó discretamente en el cine a los 16 años. Casada con el productor Dino de Laurentiis, un hombre mucho mayor que ella, evolucionó desde esa imagen cargada de sexualidad de sus primeras películas a trabajos con grandes directores del cine italiano, y así apareció en Edipo rey (1967) y Teorema (1968), ambas a las órdenes de Pasolini, y con Visconti, en Muerte en Venecia (1970) y Confidencias (1974)
Los años dieron a su belleza reposo, prestancia aristocrática. Afincada en Estados Unidos dejó el cine al cual sólo volvió esporádicamente (Dune, David Lynch (1984); Ojos negros, Nikita Mikhalkov (1987).


jueves, 23 de abril de 2009
miércoles, 22 de abril de 2009
Pedro Guerra canta ... el marido de la peluquera.
LETRA DE LA CANCION EL MARIDO DE LA PELUQUERA (Pedro Guerra)
De niño bailaba canciones del moro,
el baile venía de adentro y así se inventaban los modos.
De niño soñaba olores profundos,
las mezclas de espuma, colonia y sudor de unos pechos desnudos.
Creció con su sueño y un día le dijo:
Acabo de verte y ya sé que nací pa' casarme contigo.
Matilde mi vida, Matilde mi estrella,
le dijo que sí, nos casamos Antoine, y bailó para ella.
Y abrázame fuerte que no pueda respirar,
tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo nunca más.
Cariño y ternura, colonias y besos,
te tengo, me tienes, quisiera morirme agarrado a tus pechos.
El amor es tan grande, tan sincero y sentido,
que un día de lluvia Matilde acabó por tirarse en el río.
Y abrázame fuerte que no pueda respirar,
tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo nunca más.
Mejor buenos recuerdos que un pasado perdido,
por eso un buen día Matilde acabó por tirarse en el río.
Lo que fue tan hermoso que no caiga al olvido,
te estaré recordando por siempre Matilde que tú no te has ido.
Y abrázame fuerte que no pueda respirar,
tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo.
Abrázame fuerte que no pueda respirar,
tengo miedo de que un día
ya no quiera bailar conmigo nunca más.


(Eve Arnold)



