domingo, 4 de enero de 2009

Dirigido por ... ROBERT ROSSEN.







Nacido en New York el 16 de marzo de 1908 en el seno de un humilde hogar de ascendencia judía y rusa, Robert Rossen abandonó sus estudios universitarios para dedicarse al teatro, primero como actor y luego como director. Parece ser que Mervyn Le Roy se fijó en él y le recomendó a la Warner Bros. donde permaneció 10 años como guionista. Entre sus trabajos más reputados está The Roaring Twenties un gran film de gangsters dirigido por Raoul Walsh. Muy dotado para los diálogos y con una clara voluntad social progresista su labor se desarrolló en películas como El lobo de mar (Michael Curtiz, 1941), A Walk in the Sun (Lewis Milestone, 1945), o el extraordinario melodrama negro El extraño amor de Martha Ivers (Lewis Milestone, 1946). También estuvo en el proyecto de adaptación de la novela de B. Traven El tesoro de Sierra Madre pero el guión no prosperó y fue John Huston -otro guionista metido a director- quien finalmente realizó la película.

En 1947 se inicia su singladura como director con el apoyo del actor Dick Powell en Johnny O'Clock sobre guión propio. Inmediatamente después dirigió Cuerpo y alma que describía el mundo del boxeo que él había conocido en su juventud. Después sólo filmó 8 películas más, y aquí es donde damos paso a la crónica negra. En septiembre del 47 Robert Rossen recibía una citación para declarar ante la Comisión parlamentaria creada para investigar infiltraciones comunistas en el mundo del cine, en otras palabras, la caza de brujas. Rossen y otras 18 personas se negaron a dar su testimonio pasando a formar parte de la lista negra. Los 19 inamistosos les llamaron. 10 de ellos acabaron en la cárcel. Rossen se libró por la inesperada decisión del presidente de la Comisión Parnell Thomas de aplazar indefinidamente los interrogatorios. Así pudo escribir y producir la muy crítica El político en 1949 y en México The Brave Bulls, "una de toreros".

En marzo del 51 el Comité de Actividades Antinorteamericanas creó una nueva Comisión que volvió a citar a Rossen, quien declaró no haber estado nunca afiliado y se negó a dar nombres de compañeros vinculados al Partido Comunista. Pasaron dos años en los que no pudo poner en marcha ningún proyecto. Las puertas de la industria se le cerraban con sólo mencionar su nombre. Así pues creyendo que era la única forma de volver a su profesión de cineasta, terminó declarando ante otra Comisión, el haber colaborado con 40.000 dólares al Partido, además de delatar a 57 compañeros. Con ello su nombre se borraba de la "lista negra", pero la industria no pareció darse por satisfecha y las productoras no parecían estar dispuestas a confiar en sus proyectos. Todo fue a peor para Rossen, como si fuera un apestado era despreciado por todos. Los conservadores por haber sido un comunista y los propios comunistas le consideraron un traidor. Ambas partes coincidían en tacharle de cobarde.

Ante tal panorama tuvo que marcharse de su país si quería continuar trabajando, y recaló en Italia donde realizó Mambo producida por Carlo Ponti y Dino de Laurentis. En España rodó en 1956 Alejandro Magno, también escrita por él, y al año siguiente regresaba a Hollywood para dirigir Una isla en el sol, melodrama de amores interraciales en las Antillas Británicas. El productor Zanuck le ofreció un guión que había sido rechazado por otros directores y Rossen lo aceptó como la única manera de volver a meter la cabeza en los estudios. Después del western Y llegaron a Cordura, rodado en México con un enfermo Gary Cooper, su filmografía se clausura con dos obras maestras: El buscavidas (1961) con Paul Newman, una visión nihilista y amarga del submundo de los jugadores de billar, y Lilith (1964) con Jean Seberg como enferma mental que atrae hacia la locura a su cuidador Warren Beatty. Románticos, pero tremendamente pesimistas, con sus desazonadores finales, ambos films dan buena muestra del talento de un cineasta cuya carrera lamentablemente se vió truncada por los vaivenes políticos que sacudieron a su país. El 18 de febrero de 1966 moría Robert Rossen habiendo dirigido tan sólo 10 películas.

El denominador común de mis películas es la pérdida de voluntad del ser humano ante el deseo de poder y la moral de éxito, objetivos competitivos en la sociedad industrial y elementos determinantes de la vida norteamericana.

(ROBERT ROSSEN)


Filmografía:

1947 Johnny O'Clock es una sólida muestra de cine negro con personajes bien descritos y brillantes diálogos, realizada con soltura por un realizador debutante. Suyo es también el guión que ante el rechazo de Charles Vidor de dirigirlo, fue confiado al propio Rossen por sugerencia de Dick Powell, la estrella de la película.





1947 Cuerpo y alma tiene como fondo argumental el mundo del boxeo y narra el ascenso al éxito, desde la pobreza, de un boxeador (John Garfield, otro represaliado por la "caza de brujas"), y su progresiva renuncia a su propio código de valores morales, con tal de obtener dinero fácil y rápido.

Rossen dirige un guión ajeno, obra de Abraham L. Polonsky, con quien mantiene discrepancias por el final del film. Charlie Davis desafía al corrupto promotor y gana el combate amañado para que perdiera. Ante las amenazas de éste le responde: ¿Qué harás, matarme? Todo el mundo muere. Luego se le ve paseando con su novia por las calles del barrio en que creció. En el final proyectado por Rossen, que finalmente no se rodó, el boxeador tras ganar el combate es asesinado por los sicarios de Roberts, el mafioso promotor.

1949 El político es una profunda reflexión sobre las tentaciones fascistas que pueden florecer en el seno de una democracia (recordemos aquí las magníficas Ciudadano Bob Roberts y Bullworth, ambas realizadas curiosamente por dos actores-directores, Tim Robbins y Warren Beatty respectivamente). El guión sigue las andanzas de un político populista que se va inclinando hacia el autoritarismo y la corrupción. Más allá de ser una crítica feroz de la politica, la película es una amarga mirada sobre la mentira de la democracia.
En la ceremonia de los Oscars recibió el premio a mejor película, para Broderick Crawford el de mejor actor, y el de mejor actriz de reparto para Mercedes McCambridge.

1951 The brave bulls rodada en México estaba ambientada en el mundo de los toros y fue rodada totalmente en localizaciones reales con pequeñas cámaras de 16 mm. , potenciando el efecto realista.

1954 Mambo. La productores Carlo Ponti y Dino de Laurentis quisieron continuar con la fórmula que tanto éxito les había dado con Ana (Alberto Lattuada, 1951), y repitieron con Silvana Mangano y Vittorio Gassman, más la música de Nino Rota. Un producto, en principio, bastante alejado de las inquietudes de Rossen, pero en el que supo adaptarse para hacerlo suyo, y ahí está para confirmarlo ese rótulo de Robert Rossen's Mambo de los títulos de crédito iniciales.

1956 Alejandro Magno. Rodada en España en precarias condiciones de producción y lastrada por el recorte de aproximadamente 40 min. de metraje impuesto por la Universal para su distribución, la película es otra reflexión sobre el poder y su utilización, ahondando en una visión edípica y veladamente homosexual del personaje, y que relacionaba el poder absoluto con la locura y la corrupción.

1957 Una isla en el sol es un melodrama que flaquea principalmente por un argumento tan enrevesado como increible que el buen trabajo con el encuadre y composición en Cinemascope de Rossen no consigue levantar de la mediocridad. El director aceptó el encargo de un guión en el que no pudo modificar nada e hizo con él lo que buenamente pudo.




1959 They Came to Cordura representa el regreso de Rossen al trabajo con Columbia, el mismo estudio que 8 años antes le había cerrado las puertas y forzado el exilio. Es una de esas películas crepusculares al estilo Vidas rebeldes. Gary Cooper, con 58 años y enfermo de cáncer presentaba un aspecto envejecido. Los médicos le recomendaban no trabajar y al terminar el rodaje hubo de ser operado de urgencia. Rita Hayworth también estaba en horas bajas, su aspecto delataba los primeros estragos de la enfermedad de Alzheimer. Ambos interpretaban dos personajes que tienen mucho que ver con Rossen y su evolución. De un lado Rita Hayworth, traidora a los EE.UU., colaboradora con el enemigo, México. Por otro Gary Cooper como un oficial al que desprecian sus hombres por un acto de cobardía en el pasado. Al estudio no le gustó el tono político del film y alteró el montaje planeado por Rossen. El público también dió la espalda a la película.




1961 El buscavidas empieza describiendo el modo de ganarse la vida de Eddie (Paul Newman) engañando a incautos en una sórdida sala de billares de una ciudad cualquiera, filmado con un acertado tono realista. A continuación hay una larga y muy desarrollada escena con el enfrentamiento entre Eddie y el Gordo de Minnesotta (Jackie Gleason). Eddie está obsesionado en ganarle. El segundo enfrentamiento, en el que Eddie vence, es mostrado de manera rápida, elíptica. Rossen articula la película sobre esos dos enfrentamientos.

Hay un gran personaje femenino, Sarah (Piper Laurie), una mujer solitaria y alcohólica que ve en Eddie su última oportunidad. Eddie y Sarah viven juntos un proceso de degradación que termina con el suicidio de ella en el baño de un lujoso hotel. Entre pensiones, salas de espera de estaciones de autobuses, impersonales apartamentos, discurre esta relación que como dice Sarah parecen haber firmado un contrato de mutua tristeza.

Eddie es un ganador pero con alma de perdedor, no es más que una marioneta sometida por quienes manipulan su incontenible genio y su confusa ambición.La amarga fábula de El buscavidas no puede tener un final feliz. Las miradas compasivas de El Gordo después de ser finalmente vencido sugieren todo el patetismo de esta fútil victoria. Eddie cree recobrar su dignidad, pero ¿a qué precio?. En el último plano la cámara filma los billares rastreando toda la carga de cansancio vital y humillación que representan. Por fin Robert Rossen firma esa gran película que se le había resistido desde sus inicios. Y todavía faltaba Lilith.



1964 Lilith vuelve a ser una mirada dolorosa a las miserias morales de la sociedad, esta vez acentuando un profundo lirismo. No hay nada que Lilith (Jean Seberg) no pueda crear para mantenerse a sí misma en su propio mundo -música, ropas, lenguaje, pintura- y una moralidad más cercana a la pureza de lo que nunca se haya concebido. Una moralidad que sostiene que el amor, es la alegría, y debe ser ilimitado (declaraciones de Rossen sobre su personaje). Vincent parece querer huir del mundo de locos de la realidad cotidiana y, contradictoriamente, refugiarse en el entorno controlado, desde su puesto de cuidador, del sanatorio mental. Así, el film se plantea como el encuentro de un personaje esencialmente creador, pero aislado por la sociedad (Lilith), con otro fundamentalmente destructivo (Vincent), pero integrado en un mundo que él siente como inhóspito y vacio. Vincent acabará siendo víctima de sus propias tendencias destructivas, y en una desgarradora última secuencia le veremos caminar apresurado por los jardines del centro hasta llegar junto a Bea, la directora, y lanzar un desesperado: "Help me", que cierra la película y la filmografía de Robert Rossen de manera antológica.