lunes, 8 de marzo de 2010

El hombre tranquilo (John Ford, 1952)



Es un auténtico placer revisitar The Quiet Man, obra maestra del maestro John Ford. Es una de esas películas que, como Hatari de Howard Hawks, he visto tantísimas veces, y siempre es una gozada volver a ellas. Tiene algo hermoso, está hecha de puro lenguaje cinematográfico. La narración es limpia, sin artificios, utilizando siempre los recursos narrativos más eficaces. A pesar de su aparente facilidad se trata de una película meticulosamente construida. La riqueza de los gags, la sabiduría en la descripción de gentes y ambientes, la sensualidad con la que se recrean unos paisajes de seductora belleza, el magistral uso de la música y ls canciones irlandesas, otorgan e El hombre tranquilo el honorífico título de Gran Poema Cinematográfico de la Historia del Séptimo Arte.


John Ford nos cuenta la historia de amor entre Sean Thornton y Mary Kate Danaher, pero tan protagonista como ambos es la utópica Irlanda fordiana y sus pasiones: la bebida, la religión , el juego, la música ... y las peleas. A Ford no le interesa para nada retratar una realidad. Es su Irlanda soñada, concebida como un paraíso perdido, un sueño imposible, un cálido refugio para los tiempos duros. En esta arcadia todavía se puede recobrar la inocencia, no existen las dobleces, y florece la camaradería entre hombres, tema recurrente en el cine de John Ford.


El hombre tranquilo es una comedia romántica, una de las Grandes Historias de Amor del Cine. Es también la historia del reencuentro de Sean Thornton con sus orígenes, con lo que él es y lo que desea ser. El personaje de John Wayne, que un día decide abandonar su vida en Estados Unidos (del trabajo en los altos hornos al boxeo) y retornar al lugar que le vió nacer en busca de la más genuina de las aventuras, la búsqueda de las propias raíces, puede verse como una versión fordiana del Ulises de la mitologia griega, y el propio director nos da una pista sobre ello. Su carácter homérico no sólo está en la referencia humorística que hace Michaeleen Flynn (Barry Fitzgerald) cuando exclama: "homérico" en una divertida escena de la película, palabra que repetirá dos veces más, en otros momentos. Ese retorno a la ancestral Itaca de Innisfree tiene sus obstáculos que el forastero yankie debe salvar - en forma de rígidas y antiguas costumbres y formas de hacer- si quiere dejar de ser un extraño en la comunidad.


Pero, volvamos a la historia de amor entre sean y Mary Kate, John Wayne y Maureen O'Hara, una pareja con una química cinematográfica impresionante. El amor aparece de inmediato, como una visión, con la aparición bucólica ante Sean de una Mary Kate llevando un rebaño de ovejas por los verdes pastos. A partir de ahí será esencial en el desarrolo de su relación el juego de miradas, la comunicación no verbal entre ambos. Pocas veces he visto en el cine tanta intensidad comunicativa en un intercambio de miradas como cuando Mary Kate y Sean se cruzan por primera vez después de que su hermano Will se negara a concederle a él la mano de ella. Hay en los gestos y miradas una tensión erótica que pasa por encima de convencionalismos y tradiciones, y que se manifiesta, hermosa, en dos secuencias inolvidables: en la primera, Sean entra en la que fue su vieja casa que acaba de comprar a la viuda Tillane, y se la encuentra limpia y con la chimenea encendida. Mary Kate está escondida, y cuando intenta salir Sean la coge bruscamente, la estrecha en sus brazos y la besa. La segunda comienza con la fuga en bicicleta de Sean y Mary Kate, con lo que supone de ruptura de las tradiciones y de excitante transgresión adolescente por parte de los dos enamorados. La escena de amor con que finaliza esta secuencia es de un erotismo revelador. La pareja se refugia de la súbita tormenta en un cementerio anejo a una iglesia. Sean se despoja de la americana para ofrecérsela a Mary Kate. La lluvia empapa su blanca camisa que se adhiere a la piel. Se abrazan y se besan como dos jovencitos que están haciendo algo prohibido en un lugar prohibido. La atmósfera mágica y misteriosa, la naturaleza que se muestra con fuerza (el viento, la lluvia, los relámpagos), la sensualidad de los besos y los abrazos, crean una hermosa sensación de lúdico erotismo.

Y luego están los actores secundarios, esos fantásticos secundarios de la familia fordiana con los que el director se sentía a sus anchas para trabajar seguro. El irlandés Victor McLaglen interpretando a Will Danaher, que es como un ogro que no es del todo malo, con la gracia de los cómicos del cine mudo. El cura católico Lonergan, más interesado en pescar al salmón Arthur y en las conspiraciones amorosas de la comunidad, que en asuntos propiamente religiosos, interpretado por War Bond, un actor visto tantas veces en películas de John Ford. O la rica viuda Tillane, en la piel de Mildred Natwick que estaba especializada en papeles de ricas solteronas. Y por último, Michaeleen Flynn a quien Barry Fitzgerald presta su físico peculiar, un borracho vocacional, además de controlador de apuestas, casamentero, guardián celoso de las ancestrales tradiciones, ... entre otras cosas, irrepetible.

Y está también ese fascinante paisaje irlandés, en colores intensos, luminosos, fotografiados espléndidamente por Winton C. Houch: verdes prados, pastos salpicados de rudas construcciones de piedra y techos de paja, riachuelos de límpidas aguas cruzados por antiquísimos puentes ... una Irlanda teñida de bucólico erotismo.

Y para acabar, ahí va una de rumores y cotilleos. Se dice que en el rodaje de El hombre tranquilo John Ford soñaba con tener en sus brazos a Maureen O'Hara cuando le decía a John Wayne: Bésala con más pasión o Aprétala contra tu pecho con más fuerza. También se decía que el cambio del nombre de la protagonista en el guión original por el de Mary Kate era un homenaje al que fuera uno de los grandes amores frustrados de Ford y fiel amiga suya, Katherine Hepburn.

Como complemento a la (re)visión de El hombre tranquilo no está de más ver Innisfree (1990) de José Luis Guerín, el documental homenaje en el que se recorren los lugares en que se rodó The Quiet Man, se recrean la música y el ambiente de Irlanda y se habla con los sucesores reales de aquellos personajes de ficción.

5 comentarios:

ethan dijo...

Obra maestra (una de tantas del maestro). Película con un encuentro entre los personajes principales para recordar (ella se aleja del cuadro poco a poco) y con un beso bajo la lluvia espectacular; y con una de las mejores peleas nunca rodadas; y con...

David dijo...

Un estupendo post a una película más que estupenda.
El hombre tranquilo es una de las dos de mi lista de favoritas que se encuentran en tu lista de favoritas (y la otra no es Paris, Texas, Eloy... aunque me también me gusta mucho, al igual que otras de tu lista).
He echado en falta al secundario que hacía de pastor protestante y recordaba que Sean era boxeador. También encantador. Es como tú dices.. Todos geniales. Ward Bond está mejor que nunca... Cuando se anima a sus feligreses para que saluden al obispo de la iglesia rival (y él mismo se tapa el alzacuellos para saludar). El hermano de Ford que interpreta al "moribundo" que se levanta al oír al pelea. Una maravilla de película. Homérica, en realidad.
Y para acabar...
otro cotilleo. Eso se dice, eh? Pues Maureen dijo en sus memorias que entró en una habitación y se encontró a Ford morreándose con un actor de una de sus películas. Ya ves...
Un saludo.

Nicolau Llabrés dijo...

Hola, en la escena donde lleva arrastrando a la mujer hasta el hermano para pedirle el dinero, con todo el pueblo detrás, suena una música irlandesa de fondo, alguien me puede decir como conseguirla. Gracias.

David dijo...

¿Lo que suena no es la banda sonora de Victor Young? Si suena otra cosa no lo recuerdo ahora. Yo la tengo en un CD con temas de las pelis de John Wayne. Supongo que lo tendrás en el disco de la banda sonora.
Pero esto te lo debería contestar Eloy, al que voy a tener que denominar "el blogero invisible" porque vamos, veo más sus comentarios en mi blog que en el suyo propio. Un saludo a los dos.

eloy dijo...

Jaja ¡que bueno lo del bloguero invisible! Suena a peli de serie B.
La verdad que no sé si ese fragmento de música pertenece a Victor Young, se trata de un tema tradicional irlandés, o es una adaptación del mismo Young de una canción irlandesa. Supongo que lo mejor será acudir a la B.S.O.

Saludos a todos